Pasada la medianoche de hoy en el municipio de Paraíso, estado de Tabasco, un comando armado del que poco se sabe entró en la casa de Irma Córdova y la acribilló. Siguió con su cuñada Josefa, y con dos jóvenes, Yolidabey, de 22 años, y Benito, de 28. Todas las víctimas tenían algo en común: eran parientes de Melquisedet Angulo Córdova, un marino de Fuerzas Especiales que la semana pasada fue abatido en un enfrentamiento con el narcotraficante Arturo Beltrán Leyva y seis de sus escoltas en la ciudad de Cuernavaca.
El ataque de hoy es una esperada venganza del crimen organizado contra la Marina y demás fuerzas del Estado mexicano que se están empleando a fondo contra el crimen organizado. Es violencia irracional, indiscriminada, un homicidio doloso contra las víctimas de la violencia. Es difícil de entender qué móvil puede haber en el ataque a una madre que acaba de perder a su hijo, quien es enterrado con honores. Ella sintió una profunda pena, inexplicable, inabarcable, que apenas le duró unas horas, las que los sicarios tardaron en dar con ella y colarse en su casa.
México se rebelaba a comienzos de este año contra los funcionarios estadounidenses que hablaban de que podía ser un Estado fallido. Sin embargo los delincuentes han vuelto a ganar la espalda a la autoridad y clavado, de nuevo, el puñal donde más duele, en una herida que sangraba. Escucho a los políticos y me parece un sinsentido lo que dicen: que si el peso de la ley caerá sobre los responsables; que se está investigando; que no habrá impunidad... Son palabras bienintencionadas pero que suenan muy lejanas, falta de compromiso quizás.
En pocos días las nuevas muertes se habrán confundido y olvidado con muchas otras más. Este no es país para víctimas. El Estado está, pero se ausenta, le embarga la pena pero hay dudas de que la estrategia sea la correcta. Hay un desgaste brutal que será difícil de aguantar. Los políticos repiten sus discursos, los civiles mueren. Es la brutalidad, la barbarie, la sinrazón de un país que aún no ha logrado, ni en esto tan básico, ponerse de acuerdo.
martes 22 de diciembre de 2009
lunes 14 de diciembre de 2009
Benedetti remembered
Hay actos más o menos sentidos, más o menos simbólicos, pero el dedicado al poeta uruguayo Mario Benedetti en la XXIII Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) tuvo todo el sentido del mundo por cómo se hizo y quiénes lo protagonizaron. Se celebró en el Salón "Juan Rulfo" de la Expo Guadalajara. Un actor mexicano subió al estrado y dio la palabra a treinta lectores de Benedetti. Habían sido seleccionados por una carta (¡aún se escriben cartas!) que habían enviado a la FIL donde explicaban cómo les había impactado el autor en su vida.
De ese grupo fueron seleccionados treinta lectores de poemas que hicieron eso, elegir el que más les había gustado y leerlo. Fue un acto simple, sin jerarquías, a la altura de un gran escritor que creía que la poesía, además de ser literatura, tenía la virtud de poder mover conciencias y hacer que los hombres fuéramos un poco más humanos.
De ese grupo fueron seleccionados treinta lectores de poemas que hicieron eso, elegir el que más les había gustado y leerlo. Fue un acto simple, sin jerarquías, a la altura de un gran escritor que creía que la poesía, además de ser literatura, tenía la virtud de poder mover conciencias y hacer que los hombres fuéramos un poco más humanos.
miércoles 9 de diciembre de 2009
La pretendida "pureza" de la lengua española
Comí hace tres días con varios escritores leoneses invitados a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). Hablamos un rato sobre la ofensa que hasta cierto punto representa en México decir que en Castilla y León se habla "el español más puro". Luis Mateo Diez, Juan Pedro Aparicio, José María Merino y Alfonso García se rebelaban contra tal concepto, que había aparecido en un vídeo promocional de corte turístico que ensalzaba a Castilla y León frente a otras alternativas en España y, supongo, el resto de Europa.
Los escritores, todos ellos amigos, han pasado varios días en México mezclándose entre autores de esta parte del mundo, visitando escuelas, charlando con jóvenes, periodistas y organizadores de la FIL (www.fil.com.mx). Se les veía entusiasmados con otra forma de vivir y usar el español, admirados de giros, atentos a inflexiones, usos y las mil circunstancias que hacen distinta el habla de un leonés de la de un mexicano.
Un periodista mexicano, Víctor Nuñez Jaime, ganador del Premio de Periodismo Cultural "Fernando Benítez" les contaba el meollo de una historia que escribió hace meses, "El derecho a llamarse Doni Zänä", un nombre indígena que significa "Flor de luna". A los académicos se les ponían los ojos grandes. Interrogaban, se admiraban, querían conocer más de cómo es usado el español en México.
Este es el país del español, uno más de los que rebasaron hace siglos por los cuatro costados el concepto más estrecho de "castellano". No hay quien crea aquí en la pureza de la lengua, más bien en su condición impura y arrabalera, capaz de cambiar de barrio a barrio, de una ciudad a otra, capaz de modificarse y variar, con esos cambios vistos como pequeños misterios que a hay que sentir, no que explicar. El español americano es vivo e incuestionable. Puede desplazar a otras lenguas autóctonas, ser usado para discriminar, para separar, para marginar a quien lo ignora... Es una lengua distinta a la que se habla en España, menos "pura", quizás, pero más abierta, más libre y más emocionante que la que se encierra en los estrechos límites de una frontera convencional o una geografía mental de bajos vuelos. Me dio gusto saber que Merino, Aparicio, Diez y García pensaban lo mismo.
Los escritores, todos ellos amigos, han pasado varios días en México mezclándose entre autores de esta parte del mundo, visitando escuelas, charlando con jóvenes, periodistas y organizadores de la FIL (www.fil.com.mx). Se les veía entusiasmados con otra forma de vivir y usar el español, admirados de giros, atentos a inflexiones, usos y las mil circunstancias que hacen distinta el habla de un leonés de la de un mexicano.
Un periodista mexicano, Víctor Nuñez Jaime, ganador del Premio de Periodismo Cultural "Fernando Benítez" les contaba el meollo de una historia que escribió hace meses, "El derecho a llamarse Doni Zänä", un nombre indígena que significa "Flor de luna". A los académicos se les ponían los ojos grandes. Interrogaban, se admiraban, querían conocer más de cómo es usado el español en México.
Este es el país del español, uno más de los que rebasaron hace siglos por los cuatro costados el concepto más estrecho de "castellano". No hay quien crea aquí en la pureza de la lengua, más bien en su condición impura y arrabalera, capaz de cambiar de barrio a barrio, de una ciudad a otra, capaz de modificarse y variar, con esos cambios vistos como pequeños misterios que a hay que sentir, no que explicar. El español americano es vivo e incuestionable. Puede desplazar a otras lenguas autóctonas, ser usado para discriminar, para separar, para marginar a quien lo ignora... Es una lengua distinta a la que se habla en España, menos "pura", quizás, pero más abierta, más libre y más emocionante que la que se encierra en los estrechos límites de una frontera convencional o una geografía mental de bajos vuelos. Me dio gusto saber que Merino, Aparicio, Diez y García pensaban lo mismo.
lunes 7 de diciembre de 2009
Feria del Libro "sobrecogedora"
La XXIII Feria del Libro de Guadalajara cerró ayer sus puertas presa de su éxito. Si hay un pero que ponerle es básicamente que cada vez es más difícil caminar por el recinto, abarrotado de gente, o encontrar un libro en los estantes, revueltos, ordenados con mínimos más que nada porque es difícil abarcar todo. Es una fiesta de los libros que en los últimos años ha cobrado tal fama que se ha convertido en un evento masivo.
Que eso sea bueno o malo para su futuro es difícil de predecir. Las actividades de este año fueron las de siempre, premios, homenajes, presentaciones de libros, pero adornadas con un puñado de novedades: una venta nocturna con descuentos; un homenaje a Mario Benedetti con sus lectores jóvenes como protagonistas; promotores de libros fantásticos, uno procedente de Colombia que era un niño de la calle y ahora arrastra un carrito lleno de libros, otro venido del desierto... Un misterio de donde salen, pero existen gracias a los libros.
Hay quien gusta de medir el éxito de la FIL por la cantidad de premios Nobel de Literatura que hay sentados en la Presidencia el día de la inauguración. A mi modo de ver nada más desacertado. La gracia del encuentro está en lo que no se ve claro, en lo que hay que buscar en los rincones, fuera de foto. Orhan Pamuk paseó solo, sin guardaespaldas una mañana. Lo mismo hizo Vladimir Sorokin, algo impensable en su país. ¿Qué sentirían los escritores proscritos? ¿Qué les da la fama? Rodeados de lectores pero a la vez anónimos para tantos de ellos, ¿puede existir mayor placer para un autor que vivir en la realidad como si fueran personajes de ficción?...
Que eso sea bueno o malo para su futuro es difícil de predecir. Las actividades de este año fueron las de siempre, premios, homenajes, presentaciones de libros, pero adornadas con un puñado de novedades: una venta nocturna con descuentos; un homenaje a Mario Benedetti con sus lectores jóvenes como protagonistas; promotores de libros fantásticos, uno procedente de Colombia que era un niño de la calle y ahora arrastra un carrito lleno de libros, otro venido del desierto... Un misterio de donde salen, pero existen gracias a los libros.
Hay quien gusta de medir el éxito de la FIL por la cantidad de premios Nobel de Literatura que hay sentados en la Presidencia el día de la inauguración. A mi modo de ver nada más desacertado. La gracia del encuentro está en lo que no se ve claro, en lo que hay que buscar en los rincones, fuera de foto. Orhan Pamuk paseó solo, sin guardaespaldas una mañana. Lo mismo hizo Vladimir Sorokin, algo impensable en su país. ¿Qué sentirían los escritores proscritos? ¿Qué les da la fama? Rodeados de lectores pero a la vez anónimos para tantos de ellos, ¿puede existir mayor placer para un autor que vivir en la realidad como si fueran personajes de ficción?...
lunes 30 de noviembre de 2009
Guadalajara, la fiesta de los libros
La Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) es una feria en mayúsculas. No es un certamen, se entregan premios pero no son lo medular. Hay autores famosos pero también otros menos reconocidos cuyo mérito es publicar en este mundo hipermediático. En la gran fiesta del mundo y los negocios editoriales en español el gran protagonista es el libro, ni más ni menos.
A su lado está la lectura, el hábito que da sentido al libro y que, además, ha extendido su presencia a internet, espacio de libertad (todavía), de guerras culturales futuras posiblemente, como el agua lo será de las grandes batallas de la humanidad algún día.
En Guadalajara no se pelea por la cultura, se pone en común. Se comparte. Hay protagonismos, premiados, famosos, grandes editores, pequeños, lectores anónimos y ávidos, lectores casuales, amantes del cine, de la música, curiosos, visitantes casuales, estudiantes interesados en leer y otros que se frotan las manos por pasar un día distinto, fuera de las aulas.
En la medida en que la FIL conserve este espíritu, juvenil, irredento, abierto, seguirá siendo una enorme, una gran fiesta de los libros. Un objeto tan cuestionado, con un futuro que dicen que peligra, yo no lo creo, ha logrado abrirse un espacio magnífico, poco reverencioso y muy dinámino, una fiesta de los libros y de la lectura por delante de los demás intereses.
A su lado está la lectura, el hábito que da sentido al libro y que, además, ha extendido su presencia a internet, espacio de libertad (todavía), de guerras culturales futuras posiblemente, como el agua lo será de las grandes batallas de la humanidad algún día.
En Guadalajara no se pelea por la cultura, se pone en común. Se comparte. Hay protagonismos, premiados, famosos, grandes editores, pequeños, lectores anónimos y ávidos, lectores casuales, amantes del cine, de la música, curiosos, visitantes casuales, estudiantes interesados en leer y otros que se frotan las manos por pasar un día distinto, fuera de las aulas.
En la medida en que la FIL conserve este espíritu, juvenil, irredento, abierto, seguirá siendo una enorme, una gran fiesta de los libros. Un objeto tan cuestionado, con un futuro que dicen que peligra, yo no lo creo, ha logrado abrirse un espacio magnífico, poco reverencioso y muy dinámino, una fiesta de los libros y de la lectura por delante de los demás intereses.
miércoles 11 de noviembre de 2009
Los soñadores
"Toda ciencia antes de serlo es ciencia-ficción", afirmó el presitigioso biólogo canadiense Paul Hebert. Estos días se ha reunido con varios cientos más en México para poner en común los últimos avances de la llamada Iniciativa del Código de Barras de la Vida (IBOL), un proyecto para volver a clasificar a las especies del planeta a través de ua secuencia corta de su código genético.
La idea, pensarán algunos, es un sueño guajiro sin futuro, pero a los casi cuatrocientos científicos congregados en la Academia Mexicana de las Ciencias les parecía real y posible reclasificar las especies para empezar a entender mejor la naturaleza y las relaciones entre los seres, vivos o muertos pero que tienen o tuvieron ADN.
Quizás los que nos desempeñamos en el ámbito de las ciencias sociales pensamos que los científicos son gente ensimismada que vive fuera del mundo, pero yo, después de entrevistar a varios de ellos allí, me quedé con la idea de que eran gente maravillosa con necesidad de explicar un mundo que ven con ojos distintos. El experto en plantas llama "individuos" a los árboles; el que vive en la selva se espanta más de ver a un hombre que de observar a millones de hormigas; el que analiza moléculas cree que es esa información, y no la de los medios de comunicación, la que salvará el mundo. Conocer a esos científicos fue una manera de entender que ciencia y ficción no están tan alejadas como parece...
La idea, pensarán algunos, es un sueño guajiro sin futuro, pero a los casi cuatrocientos científicos congregados en la Academia Mexicana de las Ciencias les parecía real y posible reclasificar las especies para empezar a entender mejor la naturaleza y las relaciones entre los seres, vivos o muertos pero que tienen o tuvieron ADN.
Quizás los que nos desempeñamos en el ámbito de las ciencias sociales pensamos que los científicos son gente ensimismada que vive fuera del mundo, pero yo, después de entrevistar a varios de ellos allí, me quedé con la idea de que eran gente maravillosa con necesidad de explicar un mundo que ven con ojos distintos. El experto en plantas llama "individuos" a los árboles; el que vive en la selva se espanta más de ver a un hombre que de observar a millones de hormigas; el que analiza moléculas cree que es esa información, y no la de los medios de comunicación, la que salvará el mundo. Conocer a esos científicos fue una manera de entender que ciencia y ficción no están tan alejadas como parece...
sábado 7 de noviembre de 2009
Adiós a Francisco Ayala
La primera entrevista de mi vida periodística fue a Francisco Ayala en Sevilla, para una revista de mi facultad. Corría el año 1992 y Ayala había ido a la Expo Universal de Sevilla, si mal no recuerdo. Alguien me dijo que estuviera en cierto pabellón y esperara a que saliera el escritor... Lo hice, con las desgracia de que antes estaba la comida, el compromiso que tenía Ayala y su acompañante, una mujer siesa y malcarada, quien para nada se había contagiado del humor del escritor.
Ella hacía las veces de perro de presa y filtraba los compromisos de Ayala. Comieron con sus contrapartes y yo esperé más de una hora, una espera tediosa. Finalmente salieron y la acompañante, cuando me vio, resistiendo todo ese almuerzo y la sobremesa consiguiente, no daba crédito a lo que veía. Se me acercó y dijo que no habría tiempo para hablar con Ayala. Éste se acercó a ella y preguntó por mí, que quién era y qué necesitaba. Amable, dijo que claro que sí, que habría entrevista. Y se sentó a mi lado en ese sofá donde me regaló la primera entrevista de mi vida.
Fue un diálogo amable del que no recuerdo grandes detalles. De todo lo que pasó aquel día me quedaré siempre con el recuerdo amable del escritor, ya entonces Premio Cervantes de Literatura y académico de la lengua, que no dejó colgado al novel periodista. Ese era Francisco Ayala, el hombre que se acaba de ir el 3 de noviembre a los 103 años de edad... Mi entrevistado favorito, con quien partí plaza.
Ella hacía las veces de perro de presa y filtraba los compromisos de Ayala. Comieron con sus contrapartes y yo esperé más de una hora, una espera tediosa. Finalmente salieron y la acompañante, cuando me vio, resistiendo todo ese almuerzo y la sobremesa consiguiente, no daba crédito a lo que veía. Se me acercó y dijo que no habría tiempo para hablar con Ayala. Éste se acercó a ella y preguntó por mí, que quién era y qué necesitaba. Amable, dijo que claro que sí, que habría entrevista. Y se sentó a mi lado en ese sofá donde me regaló la primera entrevista de mi vida.
Fue un diálogo amable del que no recuerdo grandes detalles. De todo lo que pasó aquel día me quedaré siempre con el recuerdo amable del escritor, ya entonces Premio Cervantes de Literatura y académico de la lengua, que no dejó colgado al novel periodista. Ese era Francisco Ayala, el hombre que se acaba de ir el 3 de noviembre a los 103 años de edad... Mi entrevistado favorito, con quien partí plaza.
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