El papa Benedicto XVI saldó su deuda con la muy esperada y deseada visita a México del 23 al 26 de marzo pasados pero dejó sin consuelo a las víctimas mexicanas de abusos sexuales cometidos por el fundador de la Legión de Cristo, Marcial Maciel, a quienes no recibió.
La sede del viaje fue terreno amigo, tres ciudades de Guanajuato (León, Silao y Guanajuato), un estado gobernado por el conservador Partido Acción Nacional (PAN), el de Calderón, y con un 93% de población católica, por encima del promedio nacional (83%).
El acto culminante de la visita fue la multitudinaria misa celebrada el 25 de marzo en el Parque Guanajuato Bicentenario, donde Benedicto XVI advirtió contra la fe "superficial y rutinaria, a veces fragmentaria e incoherente" y exhortó a los cristianos a superar "el cansancio" de la fe ante unas 640.000 personas que le acompañaron.
Pese a que Benedicto XVI había condenado y deplorado en numerosas ocasiones los abusos sexuales contra los pequeños por parte de clérigos pederastas, en México no se encontró con víctimas de los cometidos por Marcial Maciel (1920-2008), un sacerdote mexicano muy cercano en vida al hoy beato Juan Pablo II (1920-2005).
Hace días una de las víctimas, Juan José Vaca, reprochaba al papa "haber ignorado" a ese grupo de personas en su visita a México y descalificaba al "indignísimo" clero mexicano, representado en la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) por no haber posibilitado ese gesto hacia las víctimas de Maciel.
"¿Por qué no ha querido usted en México estar cerca de las víctimas del tan ignominioso sacerdote Marcial Maciel?", le inquiría en una carta abierta al fundador de los Legionarios de Cristo, congregación creada el 3 de enero en 1941 y autorizada por la Santa Sede en 1948.
Foco de controversias desde que comenzó su vida religiosa, el papa Benedicto XVI le exigió el 19 de mayo de 2006 a Maciel renunciar a todo "ministerio público" de su actividad sacerdotal y a llevar una vida retirada.
Por su avanzada edad, Benedicto XVI determinó que no fuese sometido a ningún proceso canónico pero intervino su congregación, que en 2010 reconoció que Maciel abusó sexualmente de seminaristas menores, tuvo "otros graves comportamientos" (consumo de drogas) e hijos con varias mujeres.
Los encuentros con víctimas de sacerdotes pederastas han sucedido ya en Estados Unidos y Australia (2008), en Portugal y en Malta (2010), y en Alemania (2011), no así durante la estancia de estos días en Guanajuato.
Algunos críticos del viaje han señalado que el mismo sirvió sobre todo al Gobierno mexicano para proyectarse ante la opinión pública a pocos meses de las elecciones presidenciales del 1 de julio.
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miércoles, 4 de abril de 2012
sábado, 31 de marzo de 2012
Dos Papas en México (primera parte sobre visita de Benedicto XVI a México)
La visita a México de Benedicto XVI (23 al 26 de marzo de 2012) será la única de su pontificado. Estuve en León, en el central estado de Guanajuato, y encontré dos actitudes ante la visita, y dos montajes, al menos, de la misma.
El primero es el que correspondía a los fieles. Cientos de miles de católicos, sobre todo del centro de México, se sumaron con entusiasmo al viaje papal. Guanajuato es un estado conservador del centro del México, hermoso, lleno de gente trabajadora y relativamente tranquilo en lo tocante al crimen organizado. Es una zona de México austera y alegre a la vez. Es el interior del país pero una zona definitivamente favorecida por un espíritu de lucha y de laboriosidad entre sus habitantes. Hay más gente que se dice católica (93%) que en el promedio nacional mexicano (83% y decreciendo). Con todo México es el segundo país con más fieles católicos del mundo, solo superado por Brasil. En esta primera faceta, la de los creyentes, peregrinos, viajeros, la visita del papa Benedicto XVI fue un éxito.
Probablemente nos inflaron un poco las cifras de asistencia a la Eucaristía multitudinaria del 25 de marco (640.000 personas) pero definitivamente el fervor y las oraciones estuvieron ahí. También los rezos por la paz, que México necesita desesperadamente aunque la devoción no baste para variar una deriva social y política.
Un pero a esa dimensión del viaje fue el papel de Televisa y TV Azteca, las dos cadenas de televisión dominantes en este país, privadas las dos, que convirtieron la visita en un espectáculo de rock. Sus presentadores tuvieron acceso privilegiado a los eventos, estuvieron en primerá línea a diferencia del resto de la prensa, nacional e internacional, y un trato de favor dispensado por las autoridades vaticanas.
La segunda vertiente que tuvo el viaje fue la política. Ahí entran los cálculos de Estado y el protagonismo extraordinario del presidente Felipe Calderón, católico practicante, que no dudo en poner al Estado a los pies del papa. Estaba a punto de comenzar la campaña electoral hacia los comicios presidenciales del 1 de julio próximo, y el mandatario hizo lo imposible por mezclar religión y política. México es un estado laico, el mandatario al menos reconoció eso, pero se puso al lado del papa Benedicto siempre que pudo, simulo una reunión privada para tratar temas de Estado que no sucedió, y dio a conocer un comunicado de asuntos tratados que era irrisorio para el tiempo que ambos tuvieron. Por cierto que ningún funcionario mexicano estuvo disponible para ofrecer detalles del encuentro. Será que nunca sucedió tal como se expresa el comunicado. Además Benedicto XVI se ahorró las críticas al Gobierno mexicano en la tan cuestionada estrategia contra la delincuencia organizada. No vio en Calderón al gobernante que, seguramente de manera bien intencionada, ha truncado la paz social de su país. Su lucha contra los criminales es frontal pero no inteligente, y no ha sido capaz de darle a la misma una "dimensión integral" desde el primer momento en que la lanzo. Ahora, a pocos meses de dejar el poder, hace denodados esfuerzos por explicar lo necesaria que era, pero en el camino hay más de 50.000 muertos, muchos de ellos inocentes, no miembros de los grupos criminales...
Entre ambas dimensiones de la visita, tres graves omisiones: (1) el papa no se reunió con Javier Sicilia, el poeta que expresa el dolor de las víctimas de la violencia asociada con la lucha contra la criminalidad. Además (2) el papa no recibió a las víctímas de pederastia clerical en México, como había hecho en Alemania, Malta, Irlanda y Estados Unidos en viajes anteriores. Por último, (3) el papa Ratzinger tampoco ofreció explicaciones de los abusos y la doble vida de Marcial Maciel, el fundador de la Congregación de los Legionarios de Cristo. Dos omisiones graves que, seguramente, hay que atribuir a los expresos deseos de la cúpula de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) que encabeza Carlos Aguiar Retes. Monseñor veía un micrófono esos días en León y se daba automáticamente la vuelta, con una sonrisa en los labios. Sonrisa de quien sabe que dejó al papa sin algo importante por hacer: pedir un perdón sincero a esas víctimas abusadas.
El primero es el que correspondía a los fieles. Cientos de miles de católicos, sobre todo del centro de México, se sumaron con entusiasmo al viaje papal. Guanajuato es un estado conservador del centro del México, hermoso, lleno de gente trabajadora y relativamente tranquilo en lo tocante al crimen organizado. Es una zona de México austera y alegre a la vez. Es el interior del país pero una zona definitivamente favorecida por un espíritu de lucha y de laboriosidad entre sus habitantes. Hay más gente que se dice católica (93%) que en el promedio nacional mexicano (83% y decreciendo). Con todo México es el segundo país con más fieles católicos del mundo, solo superado por Brasil. En esta primera faceta, la de los creyentes, peregrinos, viajeros, la visita del papa Benedicto XVI fue un éxito.
Probablemente nos inflaron un poco las cifras de asistencia a la Eucaristía multitudinaria del 25 de marco (640.000 personas) pero definitivamente el fervor y las oraciones estuvieron ahí. También los rezos por la paz, que México necesita desesperadamente aunque la devoción no baste para variar una deriva social y política.
Un pero a esa dimensión del viaje fue el papel de Televisa y TV Azteca, las dos cadenas de televisión dominantes en este país, privadas las dos, que convirtieron la visita en un espectáculo de rock. Sus presentadores tuvieron acceso privilegiado a los eventos, estuvieron en primerá línea a diferencia del resto de la prensa, nacional e internacional, y un trato de favor dispensado por las autoridades vaticanas.
La segunda vertiente que tuvo el viaje fue la política. Ahí entran los cálculos de Estado y el protagonismo extraordinario del presidente Felipe Calderón, católico practicante, que no dudo en poner al Estado a los pies del papa. Estaba a punto de comenzar la campaña electoral hacia los comicios presidenciales del 1 de julio próximo, y el mandatario hizo lo imposible por mezclar religión y política. México es un estado laico, el mandatario al menos reconoció eso, pero se puso al lado del papa Benedicto siempre que pudo, simulo una reunión privada para tratar temas de Estado que no sucedió, y dio a conocer un comunicado de asuntos tratados que era irrisorio para el tiempo que ambos tuvieron. Por cierto que ningún funcionario mexicano estuvo disponible para ofrecer detalles del encuentro. Será que nunca sucedió tal como se expresa el comunicado. Además Benedicto XVI se ahorró las críticas al Gobierno mexicano en la tan cuestionada estrategia contra la delincuencia organizada. No vio en Calderón al gobernante que, seguramente de manera bien intencionada, ha truncado la paz social de su país. Su lucha contra los criminales es frontal pero no inteligente, y no ha sido capaz de darle a la misma una "dimensión integral" desde el primer momento en que la lanzo. Ahora, a pocos meses de dejar el poder, hace denodados esfuerzos por explicar lo necesaria que era, pero en el camino hay más de 50.000 muertos, muchos de ellos inocentes, no miembros de los grupos criminales...
Entre ambas dimensiones de la visita, tres graves omisiones: (1) el papa no se reunió con Javier Sicilia, el poeta que expresa el dolor de las víctimas de la violencia asociada con la lucha contra la criminalidad. Además (2) el papa no recibió a las víctímas de pederastia clerical en México, como había hecho en Alemania, Malta, Irlanda y Estados Unidos en viajes anteriores. Por último, (3) el papa Ratzinger tampoco ofreció explicaciones de los abusos y la doble vida de Marcial Maciel, el fundador de la Congregación de los Legionarios de Cristo. Dos omisiones graves que, seguramente, hay que atribuir a los expresos deseos de la cúpula de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) que encabeza Carlos Aguiar Retes. Monseñor veía un micrófono esos días en León y se daba automáticamente la vuelta, con una sonrisa en los labios. Sonrisa de quien sabe que dejó al papa sin algo importante por hacer: pedir un perdón sincero a esas víctimas abusadas.
Etiquetas:
derechos humanos,
Iglesia,
sociedad
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