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sábado, 13 de febrero de 2010

Yasunari Kawabata: paseo por Kioto

Literatura cerrada. Pocos personajes, insularidad japonesa. Kamakura y Kioto, las ciudades donde Kawabata sitúa la trama. La primera fue el lugar donde él vivió y perdió la vida. Suicidio sin explicaciones. También donde donde se refugia Oki, un escritor con cierto reconocimiento, en una vida sin amor, en una existencia que se está agotando y necesita revivir en momentos pasados.

La historia está llena de intenciones, de viajes y encuentros simbólicos, poca acción, más reflexión y pensamiento. Es un estilo pesado, estética pura, detalles precisos de un momento, de un encuentro, de un estado de ánimo... Descripciones extraordinarias sobre un obi (cinturón del kimono) o del dibujo y los colores de los estampados de cada prenda.

Es ahí donde explota Kawabata, un escritor fascinante, que alimenta esa literatura japonesa vuelta sobre Japón. Cierto enclaustramiento, búsqueda de lugares particulares, un jardín especial, el palacio del musgo, el sentido de un jardín zen, una tarde concreta, con sus tonos naturales y colores, un camino en la montaña.

Hay una estética del gusto pero con cierto esfuerzo, equilibrios muy cortos, momentos perecederos que se escapan deprisa. El libro se parece a un paseo por los templos de Kioto en alguna época propicia, octubre quizás. Los protagonistas están en la hermosa ciudad en diciembre, momento de mucho frío, fría relación, pasado, recuerdo, dolor, duda. Giros lingüísticos particulares de la gente de la urbe, que habla sobre el clima, que oculta más que dice aunque las palabras sean lo que más se ve. Es una literatura en estado puro, personal, unida tan de cerca al lugar que conozco, que te hace sentir allí otra vez...

viernes, 29 de enero de 2010

Mishima y el marino que perdió la gracia del mar

Yukio Mishima, como se conoce en el mundo de las letras a Hiraoka Kimitake (1925-1970) fue un escritor difícil de interpretar, no sólo por sus libros sino por su trágico final. Hace años me recomendaron este pequeño libro, "Gogo no eiko" ("El marino que perdió la gracia del mar", Alianza) que ha resultado fascinante.

Sus protagonistas son una pareja de japoneses que se acaban de conocer, adultos, y se enamoran. Es un flechazo casi infantil, quizás platónico, pero se convierte en el eje de la novela, un fino argumento que cuenta cómo Fusako y Ryuji se miran, se desean, se aman...

Al lado de ellos está el hijo de la viuda, el pequeño Noboru, quien en apariencia es un adolescente inocente, apenas descubriendo el valor de la libertad y de la vida, que se transformará en un verdadero monstruo implacable. A su lado aparecerá su pandilla, un pequeño grupo de amigos de trece y catorce años que con pequeñas decisiones rompen con la noción de que la infancia es la edad de la inocencia.

Juntos, sociedad japonesa en estado puro, los amigos decidirán si el marido admirable, el marinero que vio tanto mundo, el hombre enamorado, Ryuji, tiene o no derecho a vivir en un mundo nuevo, que quiere construir sobre la base del amor pero que sucumbirá sin contemplaciones al destino trazado por esos niños, esa sociedad terrena, ese Japón de jerarquías, méritos, privaciones, enemigo de la libertad...

domingo, 10 de mayo de 2009

Gripe AH1N1: manejo de crisis a la japonesa

Un joven periodista japonés que vivía en México me escribió hace pocos días para despedirse. Se acababa de marchar a Japón y de alguna manera intentaba disculpar con una despedida por correo electrónico el hecho de no habernos visto ya. El periódico para el que trabaja tiene un sistema por el cual cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) eleva a nivel 5 (de 6) su alerta, repatría de ese país a su personal. Bravo por ellos.

Lo que me dejó pensando no fue el regreso repentino de mi amigo sino la segunda parte de su mensaje. Se encontraba en Narita, el aeropuerto internacional de Tokio, donde había ingresado a un hotel donde permanecería una semana en espera de saber si tenía los síntomas del virus AH1N1.

Esa fue la parte triste del mensaje, la que me da a entender que en Asia hay otros valores, que es lo más normal del mundo anteponer la comunidad al individuo y que, por tanto, su noción de derechos es diametralmente distinta a la nuestra, de corte occidental.

Me queda la duda de qué sensaciones atraviesan en esta semana solitaria la mente y el corazón de Hide. Él decía que esperaba regresar a México y terminar sus estudios pro puede que, nuevamente, los valores colectivos se impongan a los individuales y que su deseo no se cumpla. Tiempo al tiempo.

lunes, 30 de marzo de 2009

Haruki Murakami: "Sputnik, mi amor" o la insoportable soledad japonesa

Viví unos años en Japón rodeado de gente pero a ratos muy solo. Es un país duro en principio donde es fácil aislarse. Personas que no funcionarían en otros contextos, extranjeros sobre todo, allí pueden encontrar acomodo y sentirse a gusto, desarrollar un negocio, encontrar un círculo cercano cálido y desarrollarse, ser felices seguramente.

Cuando el que mira es un japonés la situación es distinta. El extranjero observa todo por contraste con su mundo, occidental, oriental, el que sea... La raza pesa bastante y "ser japonés" es muy distinto a ser un "gaijin", el que viene de fuera, el que mira con ojos diferentes, valores diversos, crítico, a menudo una vista superficial, magnificada por los estereotipos, las ideas-fuerza que existen sobre una sociedad tremendamente dinámica y cálida en muchas ocasiones si uno se da el tiempo de conocerla.

"Sputnik, mi amor" me ha recordado mucho a los años allí vividos porque contiene los elementos de lucha de japoneses y extranjeros en aquel país. Sumire es una inadaptada, una incomprendida, una mujer incapaz de amar o sin grandes pretensiones de ser amada. A su alrededor en Kichijoji viven millones de seres que no se le parecen pero son como ella: japoneses. Se ha perdido, no busca nada más que escribir, que encontrarse a sí misma en la escritura, su pasión, su dolor al no conseguir plasmar su mundo en el papel, en la pantalla de la computadora que lleva consigo.

Conoce a Myu, un ser incubado en el mismo Japón que ella pero aislado. Vive en Tokio, está casada y trabaja con negocios en el extranjero. Sin embargo encierra un secreto que no deja que nadie vea, ni siquiera esa Sumire joven y dispuesta a arriesgarlo todo por el amor de otra mujer...

Silencios, los silencios dan el tono de las relaciones en Japón. Palabras no dichas nunca que se quedan en el aire, como la lengua que evoca y connota, más que describir y denotar. Los protagonistas se cuelgan de sentimientos aislados, de infelicidad, de ansias por ser queridos y a la vez, de ser aceptados. No es fácil, el día a día es trepidante y lo más normal es que sentimientos, emociones, verdades como puños, sentidas desde lo más hondo del corazón, se queden suspendidas en algún punto del firmamento, como satélites, sin ser dichas jamás...

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Murakami Haruki: "He estado escribiendo mucho con el propósito de conocerme pero he avanzado muy poco"

Murakami Haruki (Kioto, 1949) es un novelista japonés con amplio reconocimiento. Hace poco leí una entrevista de Hachette Filipacchi en la revista "Qué leer" que reprodujo el suplemento "El Ángel", del diario mexicano Reforma.
En ella Haruki cuenta que el propósito de su actividad como literato es saber quién es y qué hay dentro de su cabeza. Fue un gran viajero pero actualmente vivie en Tokio y tiene una vida muy rutinaria, en calma: "Madrugo, corro, escribo, cocino, voy a partidos de béisbol, leo, me acuesto temprano...". Una de sus aspiraciones es "permanecer en el anonimado, poder viajar en el metro de Tokio sin que me reconozcan".

Del estilo de Haruki, un admirador de Fiodor Dostoyevski, el propio autor confiesa que "ritmo, armonía e improvisación" son tres elementos que busca siempre en sus novelas, a las que dedica entre tres y cuatro horas de su día. Cada jornada escribe una cantidad de páginas muy simillar, "y puesto que soy mi primer lector, necesito desconocer lo que va a ocurrir, si no resultaría aburridísimo".
Convencido de que por encima de todo las buenas historias son la esencia de la literatura, confiesa que empezó a escribir porque le apetecía hacerlo y que cada uno de sus relatos surge de algún lugar que desconoce, en las profundidades de su ser.
Finalmente comenta algo de los japoneses. Se confiesa no nacionalista pero al mismo tiempo admirador de un pueblo que tiene "una alta concepción de la decencia, trabajan duro y son muy organizados". No obstante a menudo los considera demasiado exigentes y algo sofocantes...

Entre su obra, publicada en español por Tusquets, destacan "Tokio Blues", una novela de enorme éxito que en su país tituló "Norweyian Woods" (Bosques noruegos), "Al sur de la frontera, al oeste del sol", "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo", "Sputnik, mi amor", "Kafka en la orilla" y "After Dark".