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jueves, 23 de diciembre de 2010

La Cumbre de Cancún

Ha sido la XVI Conferencia de las Partes de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP16) una cita intensa, de bajas expectativas y positivos resultados. El mayor fue el de devolver la confianza en el multilateralismo y un papel preeminente a Naciones Unidas a pesar de que Bolivia se convirtió en el paria del sistema. Con todo y visita de su presidente, Evo Morales, el país sudamericano ni supo, ni quiso, sumarse al pasito que dieron los demás miembros de la comunidad internacional hacia la constitución de un nuevo régimen de protección climática que aún parece muy lejano.

Ni las olas de frío, ni las inundaciones, ni las sequías que no padecen los poderosos del mundo pero sí sus sociedades, sean más o menos desarrolladas, les permiten sensibilizarse sobre un problema que plantea aún algunas dudas y escepticismo pero que acumula evidencias cada vez mayores y más rigurosas sobre su existencia.

En lo personal pienso que hace falta hacer mucho más en mitigación, creerse la historia de que las economías tienen que empezar a cambiar hasta ser libres de carbono y lo menos contaminantes posibles, pero también conocí de cerca la dimensión de negocio y económica que tiene ese cambio. El primer día un miembro de un organismo de cabildeo estadounidense me confesaba a las puertas del hotel que ellos sabían que el nuevo régimen climático mundial les iba a costar dinero, pero que lo que buscaban era que ese corte sea el menor. Era una actitud defendible para alguien que en treinta o cuarenta años no estará en este planeta, no para los que en este momento están en sus años de infancia o adolescencia, esos que en breve exigirán cuentas y mirarán con desprecio quizás a los que no fuimos capaces de interpretar a tiempo la urgencia de los tiempos que se avecinaban...

domingo, 24 de mayo de 2009

Gripe AH1N1: Las razones de Patarroyo

Menos atención de la deseable recibió el colombiano Manuel Elkin Patarroyo al comentar el pasado 15 de mayo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) había tenido una reacción exagerada ante la gripe A. Muy crítico esta eminencia en investigación sobre la malaria afirmó que la agencia sanitaria de la ONU había puesto "a todos histéricos y absolutamente temerosos" con sus decisiones de las últimas semanas.

Quizás en parte a ese error de cálculo contribuyó el subregistro de muertes que había en México relacionados con la gripe A. Despistó ver en un primer momento caer muertos y muertos por una neumonía atípica. A día de hoy son 86 en el mundo, de los cuales México tiene 80 casos.

Recordó Patarroyo que cada diez segundos muere en el planeta una persona por malaria y nadie se rasga las vestiduras. Ningún sistema sanitario, con los focos puestos sobre él, aguantaría un grado de letalidad así. Lo que sucede es que la gripe causada por el virus AH1N1 ha sido toda una novedad, un éxito mediático inmediato, por lo desconocido y su potencial destructor inicial, que luego resultó ser fatuo, casi un fuego artificial. La humanidad no estuvo en peligro esta vez, como afirmaron en México. La OMS se pasó.

Patarroyo tiene razón al señalar que el mundo debería actuar de manera menos emocional a las malas noticias, diarias, que nos rodean. Necesitamos ser un poco más consecuentes con el día a día, con los nefastos datos cotidianos, menos llamativos que unos espectaculares e inesperados fuegos/juegos artificiales... Y ser más receptivo y consecuente con las buenas.

martes, 20 de enero de 2009

Obama: "América debe acompañar una nueva era de paz"

Barack Obama dejó hoy de ser un político del pueblo para convertirse en un gobernante. Se convirtió en el primer hombre de raza negra en asumir el poder en Estados Unidos y volvió a encantar a millones con sus palabras (http://www.nytimes.com/2009/01/20/us/politics/20text-obama.html). Marcó distancias en su primer acto político como Presidente con frases tan contundentes como ésta: "Rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales".

Es una figura singular, admirable en el modo en que alcanzó la presidencia de su país y en cómo quiere organizarse desde ella. No ha tardado en dejar claro que el pasado quedó definitivamente atrás, con errores graves, que atribuye a su antecesor, desde hoy parte de la historia.
"Empezaremos a dejarle Irak a su pueblo con responsabilidad y a forjar en Afganistán una paz ganada con mucho sacrificio", dijo a propósito de las guerras que libra su país. Combatirá el terrorismo pero no a cañonazos sino con inteligencia.

Desde el primer minuto ha reiterado lo que ya hizo en campaña, que en Estados Unidos valen las diferencias, que el juego social auténtico es saber conciliar y convivir: "Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos, hindúes y no creyentes. Nos ha formado cada lengua y cada cultura, llegados de cada rincón de esta Tierra", ha dicho a propósito de las diferencias de fe.

Uno de los evidentes contrapuntos es el del multilateralismo: "Los Estados Unidos de América deben jugar su rol acompañando a una nueva era de paz", ha señalado Obama. Sin olvidarse de África, quizás una de las apuestas de política exterior que van a estar entre las debilidades del político, recordó que a EE.UU. le interesa cambién luchar por los marginados más allá de sus fronteras. "A la gente de los países pobres, os prometemos trabajar a vuestro lado para que vuestras granjas florezcan, y que fluyan las limpias aguas; para nutrir a quienes mueren de hambre y para alimentar sus mentes (...) El mundo ha cambiado y debemos cambiar con él":

Finalmente me llamó la atención algo que no es muy común en el mundo del vértigo en que vivimos. Empresas, líderes y algunos que se dicen visionarios rechazan la experiencia y apuestan únicamente por lo nuevo. Cambiar es destruir lo que existe, no sumar, dialogar, edificar sobre lo que existe sino arrasar primero, denostar después, y más tarde introducir un pensamiento vulgar pero que tiende a ser único. Jerarquías y autoridad. Nunca entendí ese lenguaje y esa forma de actuar.

El nuevo presidente de EE.UU., con todo y su fundamental apuesta por el cambio y la manera de hacer política, declara que hay valores irrenunciables para los suyos: "Nuestros retos pueden ser nuevos, los instrumentos con los que les hagamos frente también, pero esos valores de los cuales depende nustro éxito, honestidad, trabajo duro, coraje y juego limpio, tolerancia y curiosidad, lealtad y patriotismo, esto es viejo. Estas cosas son auténticas. Ellas han sido la silenciosa fuerza del progreso a través de nuestra historia", apuntó. Admirable declaración de intenciones para un primer momento en la Casa Blanca.