El periodista estadounidense Jon Lee Anderson acaba de estar en México y lanzó un mensaje inequívoco a los periodistas de este país: "Si te autocensuras dejas de reportear algo muy importante. Implica que te has hecho pasiva y tácitamente cómplice del mal de tu sociedad que te obliga a la autocensura. Es decir, dejas las cosas en su sitio a cambio de tu integridad física".
Conoce de primera mano los problemas de libertad de expresión que existen, exacerbados por un Gobierno rebasado por el problema de la violencia desatada por una estrategia parcial, corta de miras, militarizada y abusiva. Señala que México comparte los mismos problemas que el Irak de Saddam Hussein, donde el tirano ejerció el terror. Aquí este viene de los grupos criminales pero también de un uso de la fuerza desmedido por parte del Estado.
En este contexto Anderson es muy claro: el periodista puede superar la situación. No debe ser cooptado sino buscar el modo de sacar la información, de pasársela a compañeros de profesión, ONGs, a gente más protegida que uno mismo y con capacidad para divulgarla. Es la única manera de no ser "contaminados moral y éticamente".
"Finalmente el periodista que se autocensura se pone al lado del maleante, del gobernante corrupto, y hace un flaco favor a la población, al público, que terminará tonto, porque no va a saber nada, y va a recurrir a la rumurología para allegarse de información", sentencia.
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viernes, 19 de octubre de 2012
jueves, 11 de octubre de 2012
Javier Sicilia, Max Weber y la "guerra" de Felipe Calderón
El poeta mexicano Javier Sicilia se apartó hace varias semanas de la vida pública mexicana. Ha tomado un receso la voz más firme del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) pero no se ha desligado de la organización y esta semana, con varias actividades, no quiso dejar pasar la efeméride de constitución de esa plataforma y nos ha regalado un artículo muy pertinente desde el punto de vista de los derechos humanos.
Lo acaba de publicar el semanario "Proceso" (Núm 1875 ) y es un lúcido artículo crítico sobre la "guerra" contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón. Muy recomendable lectura.
En "Notas sobre la tragedia de Calderón y el MPJD (un año y medio después)" (pg. 58-60) Sicilia describe el poema épico de "La Ilíada" y señala algo relevante: dice que la fuente de toda tragedia es la desmesura y que en México con la "guerra" de Calderón lo que tenemos es una gran tragedia. Si antaño los griegos que estaban en la guerra aspiraban a "ser como dioses", como sucedió con el Aquiles en la Guerra de Troya, en el México de hoy lo que tenemos es una enorme tragedia absurda.
Denuncia que "las fuerzas ciegas del crimen y del Estado" se mueven ambas "en el territorio de la ambición y de la administración de la vida humana" lo que ha cosificado a las víctimas mexicanas de la violencia. Ambos bandos "rompieron cualquier esperanza de resistencia, de justicia y de paz, produciendo una parálisis moral de la sociedad" mexicana, la gran víctima en sus derechos y en su integridad de esta violencia.
El poeta, convertido sin duda el más duro crítico de Calderón, señala que el MPJD es la "reserva moral del país" por la capacidad que ha tenido en sus dieciocho meses de trayectoria para visibilizar y dignificar a las víctimas de la violencia, los débiles, los primeros sujetos de derechos humanos en México y en cualquier país. El texto está magníficamente escrito pero me animé a postearlo por una razón, uno de los argumentos de Sicilia que ya salió en nuestras lecturas: el de la desmesura.
Hace un par de semanas leyendo fragmentos de "El político y el científico" Max Weber señalaba que el problema ético de la política estaba precisamente determinado por el "uso de la violencia legítima". Decía que las tres cualidades más importantes del político eran "pasión, sentido de responsabilidad y mesura" (pg. 153), justo la que echa de menos Sicilia en Calderón. Weber hablaba de que la política es complicada porque debe equilibrar "la pasión ardiente y la mesurada frialdad" al ser ejercida.
En hora de balances y saldos el presidente de México ha apelado y apelará sin duda a que combatir al crimen organizado de la forma en que lo hizo fue una decisión ética. Puede que no distinga si se posicionó ante el problema desde una ética de la convicción o desde una de la responsabilidad, la que tiene en cuenta las consecuencias de la acción del gobernante, pero lo que es claro es que Sicilia y el movimiento de las víctimas no aprecian en su comportamiento ningún tipo de "mesura".
Si concordamos con Weber en que la violencia es "el medio decisivo de la política" sin duda Calderón encontrará su justificación moral. Pero probablemente desde el bando contrario jamás, jamás, se dejará de ver su comportamiento como gobernante como un exceso, un medio injustificable para salvar a México de un problema de seguridad pública que tiene múltiples caras pero en ningún caso una única solución militar, la privilegiada. Calderón creyó que su violencia era legítima, las víctimas lo han pagado caro y se lo están haciendo saber. Sus derechos subjetivos fueron pisoteados por un planteamiento que políticamente pudo partir de la pasión, pero en absoluto de la mesura.
Este día incluso la sociedad civil ajusta cuentas y refiere abusos a derechos fundamentales inadmisibles. El mandatario enarbola sus justificaciones. Estamos ante un dilema moral de difícil solución pero desde la perspectiva de los derechos humanos creo que debemos afirmar que la "guerra" contra el crimen organizado, en la forma en que la conocemos en México, jamás debió haber sucedido.
Lo acaba de publicar el semanario "Proceso" (Núm 1875 ) y es un lúcido artículo crítico sobre la "guerra" contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón. Muy recomendable lectura.
En "Notas sobre la tragedia de Calderón y el MPJD (un año y medio después)" (pg. 58-60) Sicilia describe el poema épico de "La Ilíada" y señala algo relevante: dice que la fuente de toda tragedia es la desmesura y que en México con la "guerra" de Calderón lo que tenemos es una gran tragedia. Si antaño los griegos que estaban en la guerra aspiraban a "ser como dioses", como sucedió con el Aquiles en la Guerra de Troya, en el México de hoy lo que tenemos es una enorme tragedia absurda.
Denuncia que "las fuerzas ciegas del crimen y del Estado" se mueven ambas "en el territorio de la ambición y de la administración de la vida humana" lo que ha cosificado a las víctimas mexicanas de la violencia. Ambos bandos "rompieron cualquier esperanza de resistencia, de justicia y de paz, produciendo una parálisis moral de la sociedad" mexicana, la gran víctima en sus derechos y en su integridad de esta violencia.
El poeta, convertido sin duda el más duro crítico de Calderón, señala que el MPJD es la "reserva moral del país" por la capacidad que ha tenido en sus dieciocho meses de trayectoria para visibilizar y dignificar a las víctimas de la violencia, los débiles, los primeros sujetos de derechos humanos en México y en cualquier país. El texto está magníficamente escrito pero me animé a postearlo por una razón, uno de los argumentos de Sicilia que ya salió en nuestras lecturas: el de la desmesura.
Hace un par de semanas leyendo fragmentos de "El político y el científico" Max Weber señalaba que el problema ético de la política estaba precisamente determinado por el "uso de la violencia legítima". Decía que las tres cualidades más importantes del político eran "pasión, sentido de responsabilidad y mesura" (pg. 153), justo la que echa de menos Sicilia en Calderón. Weber hablaba de que la política es complicada porque debe equilibrar "la pasión ardiente y la mesurada frialdad" al ser ejercida.
En hora de balances y saldos el presidente de México ha apelado y apelará sin duda a que combatir al crimen organizado de la forma en que lo hizo fue una decisión ética. Puede que no distinga si se posicionó ante el problema desde una ética de la convicción o desde una de la responsabilidad, la que tiene en cuenta las consecuencias de la acción del gobernante, pero lo que es claro es que Sicilia y el movimiento de las víctimas no aprecian en su comportamiento ningún tipo de "mesura".
Si concordamos con Weber en que la violencia es "el medio decisivo de la política" sin duda Calderón encontrará su justificación moral. Pero probablemente desde el bando contrario jamás, jamás, se dejará de ver su comportamiento como gobernante como un exceso, un medio injustificable para salvar a México de un problema de seguridad pública que tiene múltiples caras pero en ningún caso una única solución militar, la privilegiada. Calderón creyó que su violencia era legítima, las víctimas lo han pagado caro y se lo están haciendo saber. Sus derechos subjetivos fueron pisoteados por un planteamiento que políticamente pudo partir de la pasión, pero en absoluto de la mesura.
Este día incluso la sociedad civil ajusta cuentas y refiere abusos a derechos fundamentales inadmisibles. El mandatario enarbola sus justificaciones. Estamos ante un dilema moral de difícil solución pero desde la perspectiva de los derechos humanos creo que debemos afirmar que la "guerra" contra el crimen organizado, en la forma en que la conocemos en México, jamás debió haber sucedido.
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miércoles, 4 de abril de 2012
Ciudad Juárez sin ley
La periodista mexicana Sandra Rodríguez Nieto impresiona cuando habla. Tiene muchos años años trabajando en "El Diario de Juárez", el periódico de referencia en Ciudad Juárez, una urbe que se encuenta prácticamente en a mitad de la frontera México-Estados Unidos. Es un territorio de sufrimiento sobre todo porque la gente que la habita ha perdido la esperanza en que se les haga justicia.
Lo anterior lo explica al estilo del mejor periodismo gringo en "La fábrica del crimen" (2012): toma un caso, el del joven Vicente, que asesinó a su familia para tratar de cobrar un rescate, y que años después se enrolló en una pandilla para terminar después asesinado en una calle perdida de Juárez.
Sandra convence porque conoce bien el territorio del que escribe y no cae en lo fácil: el sensacionalismo. En Juárez parece que la realidad tiene límites extraordinarios, como demostró otro caso paradigmático, el asesinato el 31 de enero de 2010 de dieciocho jóvenes que nada tenían que ver con la criminalidad, en una vivienda donde estaban reunidos celebrando una fiesta. Cuando los que visitan México preguntan qué está pasando en el país esa masacre siempre viene a mi memoria, quizás porque el Gobierno erró al acusar a los chicos de ser maleantes en un primer momento, y luego rectificó, o quizás porque aún conservo en la memoria la actitud heroica de las madres de algunos de ellos que recriminaron con dureza y con una claridad meridiana a Calderón su error y la estrategia de muerte que el mandatario califica de "integral", de lucha contra las organizaciones criminales.
A menos de tres meses de unas nuevas elecciones importa mucho hacia dónde camina México en su combate contra la violencia derivada del narcotráfico y el crimen organizado. Lo paradójico es que ningún candidato está siendo lo suficientemente explícito ni preciso para detallarlo.
Lo anterior lo explica al estilo del mejor periodismo gringo en "La fábrica del crimen" (2012): toma un caso, el del joven Vicente, que asesinó a su familia para tratar de cobrar un rescate, y que años después se enrolló en una pandilla para terminar después asesinado en una calle perdida de Juárez.
Sandra convence porque conoce bien el territorio del que escribe y no cae en lo fácil: el sensacionalismo. En Juárez parece que la realidad tiene límites extraordinarios, como demostró otro caso paradigmático, el asesinato el 31 de enero de 2010 de dieciocho jóvenes que nada tenían que ver con la criminalidad, en una vivienda donde estaban reunidos celebrando una fiesta. Cuando los que visitan México preguntan qué está pasando en el país esa masacre siempre viene a mi memoria, quizás porque el Gobierno erró al acusar a los chicos de ser maleantes en un primer momento, y luego rectificó, o quizás porque aún conservo en la memoria la actitud heroica de las madres de algunos de ellos que recriminaron con dureza y con una claridad meridiana a Calderón su error y la estrategia de muerte que el mandatario califica de "integral", de lucha contra las organizaciones criminales.
A menos de tres meses de unas nuevas elecciones importa mucho hacia dónde camina México en su combate contra la violencia derivada del narcotráfico y el crimen organizado. Lo paradójico es que ningún candidato está siendo lo suficientemente explícito ni preciso para detallarlo.
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domingo, 10 de julio de 2011
Inexplicable violencia
Ayer mataron unos sicarios guatemaltecos a Facundo Cabral. Su muerte me impresionó por el lugar donde ocurría y la manera en que le asesinaron: acribillado a bordo de un automóvil en el que abandonaba el país centroamericano adonde había ido a cantar sus canciones de hombre libre.
Nunca estuve en ninguno de sus conciertos pero hace años le conocí a través de Guadalupe, que sí lo tenía ubicadísimo. Era una voz de esas que no cruzan tanto el Atlántico pero sí las tierras americanas. Un cantante argentino que conozca de cerca la justicia social se entiende en toda latinoamérica. De él no sabían mucho ni los banqueros ni los acomodados, probablemente, ni los líderes tradicionales de la política, ni Sandra Torres ni su ex marido, Álvaro Colom. Conocían a Cabral los jodidos, los que quieren mejorar, los argentinos que sufrieron el "corralito" en 2000, un invento en vías de europeización... Todos ellos lloraron por una violencia irracional como la de ayer que acabó con un hombre justo que solo cantaba, pero cantaba a los de abajo.
El presidente de Guatemala afirmaba ayer que no habían ido por Cabral sino contra el empresario que le acompañaba. Teorías exculpatorias las justas, en un Estado que ha fallado en contra de la violencia irracional y zafia que terminó con la vida de Facundo Cabral un mal viernes.
Nunca estuve en ninguno de sus conciertos pero hace años le conocí a través de Guadalupe, que sí lo tenía ubicadísimo. Era una voz de esas que no cruzan tanto el Atlántico pero sí las tierras americanas. Un cantante argentino que conozca de cerca la justicia social se entiende en toda latinoamérica. De él no sabían mucho ni los banqueros ni los acomodados, probablemente, ni los líderes tradicionales de la política, ni Sandra Torres ni su ex marido, Álvaro Colom. Conocían a Cabral los jodidos, los que quieren mejorar, los argentinos que sufrieron el "corralito" en 2000, un invento en vías de europeización... Todos ellos lloraron por una violencia irracional como la de ayer que acabó con un hombre justo que solo cantaba, pero cantaba a los de abajo.
El presidente de Guatemala afirmaba ayer que no habían ido por Cabral sino contra el empresario que le acompañaba. Teorías exculpatorias las justas, en un Estado que ha fallado en contra de la violencia irracional y zafia que terminó con la vida de Facundo Cabral un mal viernes.
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viernes, 24 de junio de 2011
El poeta silenciado
En el México bronco hace falta luz. Este es un país doblado por la violencia pero no hundido, creativo, siempre lo digo cuando me preguntan, y lleno de gente trabajadora. Hay días que en la diversidad de su caos dejo de creer en él, me quedo pensando cómo es posible que esta sociedad vitalista no sea capaz de "jalar parejo", de mirar con un poco más de cariño a su realidad y hacer por mejorarla. Cuesta hacerles ver a los mexicanos el valor que tiene la obra pública, los esfuerzos colectivos, los consensos.
No ha sido ese el propósito de Javier Sicilia, conseguir una sociedad uniforme, pero sí apostar por el respeto y el perdón en la diversidad. Ha entendido que a México le faltaba honrar a las víctimas de la violencia del crimen organizado y ha salido a hacerlo. Ha perdido a un hijo, Juan Francisco Sicilia, torturado y asesinado por sicarios pero su dignidad de poeta y de persona está intacta. Ahora el mexicano Eusebio Ruvalcaba ha presentado una antología dirigida, quizás también dedicada, al poeta que dejó de serlo. Aún no sabemos si volverá a escribir.
No ha sido ese el propósito de Javier Sicilia, conseguir una sociedad uniforme, pero sí apostar por el respeto y el perdón en la diversidad. Ha entendido que a México le faltaba honrar a las víctimas de la violencia del crimen organizado y ha salido a hacerlo. Ha perdido a un hijo, Juan Francisco Sicilia, torturado y asesinado por sicarios pero su dignidad de poeta y de persona está intacta. Ahora el mexicano Eusebio Ruvalcaba ha presentado una antología dirigida, quizás también dedicada, al poeta que dejó de serlo. Aún no sabemos si volverá a escribir.
domingo, 19 de junio de 2011
Una novela colombiana de generación
Colombia tuvo una reacción moral tardía al fenómeno del narcotráfico, explica Juan Gabriel Vásquez, quien acaba de pasar por México para presentar su novela "El ruido de las cosas al caer" (Alfaguara, 2011). Un escritor joven y que abandonó su país hace doce años ha marcado distancias con muchas situaciones de las que allí vivió, por eso quizás la necesidad de reconectar con los de su generación, y explicar cómo vivieron con una violencia que heredaron.
No estaban al tanto de lo que ocurría, convivían con todo aquello entre silencios y misterios, desnudando poco a poco secretos sobre la vida de sus seres queridos, sus fortunas, sus miedos... Es sin duda una novela más de emociones que de historia, pero hunde sus raíces en el desgobierno del momento, en el azar, en la falta de explicaciones de muchas cosas que nos rodean y el desengaño de que los adultos podrían tener más control de sus vidas entonces, en esa etapa de sus vidas.
Anoche, horas antes de terminar la novela, encontré en televisión la película "Rosario Tijeras", basada en la novela de José Franco, la historia de una caída en desgracia, de una mujer mítica destrozada por la violencia. Ella misma respondió con una violencia exponencial a las agresiones, violaciones, desprecios, que había recibido durante su vida. Y pagó con la vida, a mano de un examigo, sus crímenes.
Vásquez está un poco decepcionado de que la prensa le pregunte por el hoy de Colombia, que por los artilugios del libro. Pero la narración está aún caliente, la sangre sigue fluyendo, su país vive en el azar de la violencia y el drama que comporta. Serán varias generaciones las que deban pasar hasta sanar una herida abierta que sigue fluyendo, que muchos colombianos no se pueden permitir el lujo de observar como algo que no les afecta, que es ajeno a ellos, o que pasó. Son violencias que marcan para siempre, heridas que duran muchos, muchos años en cicatrizar.
No estaban al tanto de lo que ocurría, convivían con todo aquello entre silencios y misterios, desnudando poco a poco secretos sobre la vida de sus seres queridos, sus fortunas, sus miedos... Es sin duda una novela más de emociones que de historia, pero hunde sus raíces en el desgobierno del momento, en el azar, en la falta de explicaciones de muchas cosas que nos rodean y el desengaño de que los adultos podrían tener más control de sus vidas entonces, en esa etapa de sus vidas.
Anoche, horas antes de terminar la novela, encontré en televisión la película "Rosario Tijeras", basada en la novela de José Franco, la historia de una caída en desgracia, de una mujer mítica destrozada por la violencia. Ella misma respondió con una violencia exponencial a las agresiones, violaciones, desprecios, que había recibido durante su vida. Y pagó con la vida, a mano de un examigo, sus crímenes.
Vásquez está un poco decepcionado de que la prensa le pregunte por el hoy de Colombia, que por los artilugios del libro. Pero la narración está aún caliente, la sangre sigue fluyendo, su país vive en el azar de la violencia y el drama que comporta. Serán varias generaciones las que deban pasar hasta sanar una herida abierta que sigue fluyendo, que muchos colombianos no se pueden permitir el lujo de observar como algo que no les afecta, que es ajeno a ellos, o que pasó. Son violencias que marcan para siempre, heridas que duran muchos, muchos años en cicatrizar.
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miércoles, 6 de abril de 2011
Silencio poético
Juan Francisco Sicilia era un joven de 24 años que fue asesinado junto con seis más el pasado 28 de marzo en Temixco, estado de Morelos. Era el hijo de Javier Sicilia, un poeta que ha decidido callar y no volver a escribir poemas hasta que México no recupere la dignidad. Hoy miles de personas se han concentrado en Cuernavaca y otras ciudades del mundo para repudiar la violencia criminal que hay en el país y exigir su fin (@mxhastalamadre).
El presidente Felipe Calderón mantiene su discurso: estoy dispuesto a variar de estrategia contra los cárteles. Sin embargo no la ha movido ni un ápice, no reacciona. La mantiene con el mismo discurso, el de la inevitabilidad; con el mismo método, las armas del Ejército; y con el mismo propósito, aniquilar a las organizaciones criminales.
México está cansado, Javier Sicilia también. Su voz articula un grito desesperado que se va a oír más fuerte estos días. No se ve el fin, parece que estamos ante el comienzo de una "revolución de los jazmines" a la mexicana, o una "revolución de los tamales", o un grito desesperado que sale desde el corazón pero que debemos esforzarnos por hacerlo racional, limpio y respetuoso con los derechos humanos de todos, incluyendo si cabe los de los asesinos. No hay reto mayor en el México de hoy, un país que llora, un pueblo herido.
El presidente Felipe Calderón mantiene su discurso: estoy dispuesto a variar de estrategia contra los cárteles. Sin embargo no la ha movido ni un ápice, no reacciona. La mantiene con el mismo discurso, el de la inevitabilidad; con el mismo método, las armas del Ejército; y con el mismo propósito, aniquilar a las organizaciones criminales.
México está cansado, Javier Sicilia también. Su voz articula un grito desesperado que se va a oír más fuerte estos días. No se ve el fin, parece que estamos ante el comienzo de una "revolución de los jazmines" a la mexicana, o una "revolución de los tamales", o un grito desesperado que sale desde el corazón pero que debemos esforzarnos por hacerlo racional, limpio y respetuoso con los derechos humanos de todos, incluyendo si cabe los de los asesinos. No hay reto mayor en el México de hoy, un país que llora, un pueblo herido.
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jueves, 23 de diciembre de 2010
Sin noticias de Diego Fernández de Cevallos
Diego Fernández de Cevallos es un político mexicano que permaneció casi siete meses secuestrado y que hace unos días fue liberado. No doy fechas precisas de la duración ni de su puesta en libertad porque ambas son un misterio. El pasado 20 de diciembre escribí dos notas informativas sobre su liberación, minutos después de que un periodista de Televisa lo hiciera público. El informador desinformaba, o al menos contaba una media verdad. ¿Por qué? Ofrecía detalles de la liberación, que el político estaba bien de salud, pero sólo parciales. Faltaban algunos esenciales: cuándo fue liberdo; por quiénes; se pagó o no un rescate; quiénes le secuestraron; por qué lo hicieron.
Los medios nos lanzamos tras la noticia y se nos dieron con cuentagotas. El "Jefe Diego" no dio detalles y perdonó a los que se lo llevaron. Supuestamente pagó 30 millones de dólares por su libertad. El Gobierno dijo que continuaría una investigación que o no ha existido o no se quiso hacer adrede, y medios de comunicación, como Televisa, expresaron con júbilo que ellos, que impusieron un silencio informativo en el caso, lo levantaban ahora porque había un desenlace, por cierto, positivo.
Pasan los días y comienzan a filtrarse detalles inquietantes del hecho: la liberación se dio el 11 de diciembre, nueve días antes de ser anunciada, un día después de que una terrible explosión en instalaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex) en San Martín Texmelucan acabara con la vida de 29 personas, la mitad de ellos menores.
Ninguna autoridad mexicana ha ofrecido información ni aceptado preguntas sobre el hecho. Parece que el mismo presidente de México, Felipe Calderón, calló nueves días la noticia, hasta que a alguien de su entorno, su equipo o su partido, le convino darla. ¿Es este un Estado con mayúsculas o un estadito de pequeños intereses particulares y poderosos, de minoría, que condicionan los de una mayoría engañada, desinformada? ¿Se puede permitir que un secuestro de alto impacto concluya cuando le da la gana al capturado? Estamos en un país de simulaciones y de engaños, donde la verdad se sacrifica frente a otros intereses. La desconfianza cobra valor, da vida, tiene sentido en el México de hoy, medio México.
Los medios nos lanzamos tras la noticia y se nos dieron con cuentagotas. El "Jefe Diego" no dio detalles y perdonó a los que se lo llevaron. Supuestamente pagó 30 millones de dólares por su libertad. El Gobierno dijo que continuaría una investigación que o no ha existido o no se quiso hacer adrede, y medios de comunicación, como Televisa, expresaron con júbilo que ellos, que impusieron un silencio informativo en el caso, lo levantaban ahora porque había un desenlace, por cierto, positivo.
Pasan los días y comienzan a filtrarse detalles inquietantes del hecho: la liberación se dio el 11 de diciembre, nueve días antes de ser anunciada, un día después de que una terrible explosión en instalaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex) en San Martín Texmelucan acabara con la vida de 29 personas, la mitad de ellos menores.
Ninguna autoridad mexicana ha ofrecido información ni aceptado preguntas sobre el hecho. Parece que el mismo presidente de México, Felipe Calderón, calló nueves días la noticia, hasta que a alguien de su entorno, su equipo o su partido, le convino darla. ¿Es este un Estado con mayúsculas o un estadito de pequeños intereses particulares y poderosos, de minoría, que condicionan los de una mayoría engañada, desinformada? ¿Se puede permitir que un secuestro de alto impacto concluya cuando le da la gana al capturado? Estamos en un país de simulaciones y de engaños, donde la verdad se sacrifica frente a otros intereses. La desconfianza cobra valor, da vida, tiene sentido en el México de hoy, medio México.
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viernes, 27 de agosto de 2010
Error mediático
Un joven ecuatorioano protagoniza un milagro: 72 compañeros suyos, indocumentados de El Salvador, Honduras, Brasil y Ecuador, fueron asesinados por el crimen organizado en Tamaulipas (México). Él se salvó, escapó y se encuentra ingresado ya en un hospital de la Marina. Al día siguiente del hallazgo, una foto del chico, dormido, aparece en varios diarios. Entraron los fotógrafos, tomaron la imagen y los medios de comunicación las tomaron. Portadas, imágenes en internet y en diarios, muestran al chico.
Además una fuente oficial ecuatoriana revela el nombre completo y "Freddy" se convierte en blanco de coyotes, policías corruptos quizás, del crimen organizado en México y de posibles bandas estadoundenses, el país donde están los padres del joven. La tía del chico, que tiene 17 años, habla con unos y con otros; la prensa se lanza a conocerle y las autoridades de su país lo convierten en "ciudadano ecuatoriano". El joven herido duerme en la cama de un hospital de Tamaulipas mientras su rostro da la vuelta al mundo.
Si algo le queda hacer a México después de la vergüenza e indignación que envuelven el caso es proteger la vida del joven mientras que los gobiernos, mexicano, ecuatoriano y estadounidense, deciden su futuro. Seguramente "Freddy" cambiará de vida, volverá al anonimato, pero sus parientes vivirán en el mismo lugar que ahora, en su pueblo serán conocidos y quizás hostigados, puede que ajusticiados por criminales. Los tentáculos del "crimen organizado" son largos y el "sueño americano".
Además una fuente oficial ecuatoriana revela el nombre completo y "Freddy" se convierte en blanco de coyotes, policías corruptos quizás, del crimen organizado en México y de posibles bandas estadoundenses, el país donde están los padres del joven. La tía del chico, que tiene 17 años, habla con unos y con otros; la prensa se lanza a conocerle y las autoridades de su país lo convierten en "ciudadano ecuatoriano". El joven herido duerme en la cama de un hospital de Tamaulipas mientras su rostro da la vuelta al mundo.
Si algo le queda hacer a México después de la vergüenza e indignación que envuelven el caso es proteger la vida del joven mientras que los gobiernos, mexicano, ecuatoriano y estadounidense, deciden su futuro. Seguramente "Freddy" cambiará de vida, volverá al anonimato, pero sus parientes vivirán en el mismo lugar que ahora, en su pueblo serán conocidos y quizás hostigados, puede que ajusticiados por criminales. Los tentáculos del "crimen organizado" son largos y el "sueño americano".
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martes, 27 de julio de 2010
Déficit de imagen
Tuve la suerte de pasar varias semanas de julio fuera de México y acabo de regresar. Fue un viaje expansivo y despreocupado, alejado del día a día, no de las noticias. Lo más triste fue, como casi siempre en vacaciones, regresar, sobre todo porque percibí el enorme peso que tienen la violencia y el crimen organizado sobre el día a día de los mexicanos.
Fuera de México la impresión generalizada es que el país está inmerso en una especie de "guerra", como decía abiertamente hasta hace poco el presidente Felipe Calderón y los periodistas descuidados que comparten esa versión oficial. Guerras son otras, lo que sucede en México es una grave descomposición social aderezada con violencia, aquiescencia en muchos casos y, de lo más grave, una tolerancia con la corrupción y la impunidad a todos los niveles del Estado menguante que nos protegía y ahora lucha por su supervivencia.
En el Hay Festival de Zacatecas, celebrado el mes pasado, Élmer Mendoza decía que jamás ganará el presidente de México la batalla que se inventó. Creo en la buena fe del mandatario pero no comparto ni la estrategia ni el enfoque que ha dado a la prioridad política del sexenio. México tenía y tiene asuntos tan o más graves que el de la inseguridad que han sido relegados o abandonados. El fracaso de Calderón, que aún trata de salvar su mandato y que, ojo, podría tener poco margen ante el problema, es prácticamente un hecho. La sociedad mexicana se merece algo mejor que la mano firme prometida, el dolor advertido, y el desamparo que se siente a diario. Llegué de fuera, entré de lleno en este país y aún creo que hay espacio para la esperanza. Ojalá otros viajes concluyan de otro modo, con más luces y una sensación traída de fuera de que México es más respetuoso, tolerante, progresista, justo y humano con su gente, lo más importante ahora.
Fuera de México la impresión generalizada es que el país está inmerso en una especie de "guerra", como decía abiertamente hasta hace poco el presidente Felipe Calderón y los periodistas descuidados que comparten esa versión oficial. Guerras son otras, lo que sucede en México es una grave descomposición social aderezada con violencia, aquiescencia en muchos casos y, de lo más grave, una tolerancia con la corrupción y la impunidad a todos los niveles del Estado menguante que nos protegía y ahora lucha por su supervivencia.
En el Hay Festival de Zacatecas, celebrado el mes pasado, Élmer Mendoza decía que jamás ganará el presidente de México la batalla que se inventó. Creo en la buena fe del mandatario pero no comparto ni la estrategia ni el enfoque que ha dado a la prioridad política del sexenio. México tenía y tiene asuntos tan o más graves que el de la inseguridad que han sido relegados o abandonados. El fracaso de Calderón, que aún trata de salvar su mandato y que, ojo, podría tener poco margen ante el problema, es prácticamente un hecho. La sociedad mexicana se merece algo mejor que la mano firme prometida, el dolor advertido, y el desamparo que se siente a diario. Llegué de fuera, entré de lleno en este país y aún creo que hay espacio para la esperanza. Ojalá otros viajes concluyan de otro modo, con más luces y una sensación traída de fuera de que México es más respetuoso, tolerante, progresista, justo y humano con su gente, lo más importante ahora.
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martes, 22 de diciembre de 2009
Fin de la paz en Paraíso
Pasada la medianoche de hoy en el municipio de Paraíso, estado de Tabasco, un comando armado del que poco se sabe entró en la casa de Irma Córdova y la acribilló. Siguió con su cuñada Josefa, y con dos jóvenes, Yolidabey, de 22 años, y Benito, de 28. Todas las víctimas tenían algo en común: eran parientes de Melquisedet Angulo Córdova, un marino de Fuerzas Especiales que la semana pasada fue abatido en un enfrentamiento con el narcotraficante Arturo Beltrán Leyva y seis de sus escoltas en la ciudad de Cuernavaca.
El ataque de hoy es una esperada venganza del crimen organizado contra la Marina y demás fuerzas del Estado mexicano que se están empleando a fondo contra el crimen organizado. Es violencia irracional, indiscriminada, un homicidio doloso contra las víctimas de la violencia. Es difícil de entender qué móvil puede haber en el ataque a una madre que acaba de perder a su hijo, quien es enterrado con honores. Ella sintió una profunda pena, inexplicable, inabarcable, que apenas le duró unas horas, las que los sicarios tardaron en dar con ella y colarse en su casa.
México se rebelaba a comienzos de este año contra los funcionarios estadounidenses que hablaban de que podía ser un Estado fallido. Sin embargo los delincuentes han vuelto a ganar la espalda a la autoridad y clavado, de nuevo, el puñal donde más duele, en una herida que sangraba. Escucho a los políticos y me parece un sinsentido lo que dicen: que si el peso de la ley caerá sobre los responsables; que se está investigando; que no habrá impunidad... Son palabras bienintencionadas pero que suenan muy lejanas, falta de compromiso quizás.
En pocos días las nuevas muertes se habrán confundido y olvidado con muchas otras más. Este no es país para víctimas. El Estado está, pero se ausenta, le embarga la pena pero hay dudas de que la estrategia sea la correcta. Hay un desgaste brutal que será difícil de aguantar. Los políticos repiten sus discursos, los civiles mueren. Es la brutalidad, la barbarie, la sinrazón de un país que aún no ha logrado, ni en esto tan básico, ponerse de acuerdo.
El ataque de hoy es una esperada venganza del crimen organizado contra la Marina y demás fuerzas del Estado mexicano que se están empleando a fondo contra el crimen organizado. Es violencia irracional, indiscriminada, un homicidio doloso contra las víctimas de la violencia. Es difícil de entender qué móvil puede haber en el ataque a una madre que acaba de perder a su hijo, quien es enterrado con honores. Ella sintió una profunda pena, inexplicable, inabarcable, que apenas le duró unas horas, las que los sicarios tardaron en dar con ella y colarse en su casa.
México se rebelaba a comienzos de este año contra los funcionarios estadounidenses que hablaban de que podía ser un Estado fallido. Sin embargo los delincuentes han vuelto a ganar la espalda a la autoridad y clavado, de nuevo, el puñal donde más duele, en una herida que sangraba. Escucho a los políticos y me parece un sinsentido lo que dicen: que si el peso de la ley caerá sobre los responsables; que se está investigando; que no habrá impunidad... Son palabras bienintencionadas pero que suenan muy lejanas, falta de compromiso quizás.
En pocos días las nuevas muertes se habrán confundido y olvidado con muchas otras más. Este no es país para víctimas. El Estado está, pero se ausenta, le embarga la pena pero hay dudas de que la estrategia sea la correcta. Hay un desgaste brutal que será difícil de aguantar. Los políticos repiten sus discursos, los civiles mueren. Es la brutalidad, la barbarie, la sinrazón de un país que aún no ha logrado, ni en esto tan básico, ponerse de acuerdo.
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martes, 17 de marzo de 2009
La mala imagen
Preocupante. De otra manera no se pueden interpretar las palabras que en las últimas semanas han pronunciado el presidente de México, Felipe Calderón, y varios altos funcionarios de su Gobierno sobre la imagen de su país en el mundo. La primera en hacerlo fue la subsecretaria de Relaciones Exteriores, Lourdes Aranda, quien el 26 de enero, antes de que Calderón viajara al Foro de Davos, decía que el presidente iba a mostrar la "imagen real" de México.
Posteriormente, el 2 de marzo, fue el fiscal general de México, Eduardo Medina Mora, quien arremetió contra los informadores: "Los criminales organizados usan técnicas de comunicación para acrecentar el efecto de sus actos de intimidación (...) no es sólo la violencia que desplegan, sino la manera en la que lo hacen, precisamente porque saben que esa violencia y esa manera de desarrollarla será recogida por los medios y en ese sentido potenciará su efecto intimidatorio".
Agregaba en el mismo discurso más adelante. "Normar la libertad de expresión desde el gobierno daría lugar a muchos más peligros que beneficios. Estoy convencido de que son los propios medios los que deben autorregularse mirando por los más altos intereses de la sociedad a la que pertenecen y a la que sirven (...) En el combate contra el enemigo común, la ciudadanía necesita información completa y equilibrada, que presente fallas y debilidades, pero también fortalezas y resultados. Si bien la critica al trabajo del gobierno es fundamental para afinar estrategias y asegurar los resultados, es preciso, ante todo, que asumamos la existencia de un enemigo común al que combatimos de manera conjunta".
Finalmente ha sido el propio presidente Calderón quien el pasado 12 de marzo se ha mostrado inconforme con la imagen de México en el mundo, denunciado una campaña contra su país y pedido que cesen los ataques parciales después de la inclusión de la revista Forbes de Joaquín "El Chapo" Guzmán como el personaje en el puesto 701 de los más ricos del mundo: "Mi primer punto es, primero, lamentar profundamente que se haya escalado una campaña que parece que es una campaña contra México. Que la opinión pública, y ahora hasta las revistas, no sólo se dedican a atacar, a mentir sobre la situación de México, sino a exaltar a los criminales.
En lo que México lo consideramos, incluso, un delito, que es apología del delito. No me detengo en los detalles, quizá ustedes los conocen. Pero, evidentemente, eso ni nos arredra a nosotros ni modifica un ápice nuestra firme determinación de fortalecer el Estado de Derecho en México, de garantizar a cada mexicana y a cada mexicano su seguridad, y en eso estamos empeñados".
"Y si podemos observar, precisamente, este fenómeno veremos que la imagen que se ha transmitido de México es que si hay 6.500 muertes en México el año pasado, se genera la idea de que los ciudadanos mexicanos se están desplomando, abatidos por el crimen en las calles de esta ciudad o cualquier otra. Y eso no es así, y ustedes lo podrán constatar, además, en su estancia en México", agregó el mandatario.
Sus palabras trascendieron después de que el director de Inteligencia de EEUU, Dennis Blair, asegurase que debido a la corrupción generada por el narcotráfico el Gobierno de México había perdido el control de algunas "partes de su territorio", lo que rechazó con rotundidad el Gobierno.
Mi lectura de los hechos es que el Gobierno ha comenzado, él sí, una campaña en los medios para satanizar y criticar determinadas informaciones que considera negativas para la imagen del país. Donde muchos medios ven y relatan hechos crudos, el Ejecutivo mexicano ve una campaña en su contra. Difícil rebatir a quien cierra filas de esta manera y trata de desacreditar voces plurales. Cierto que Forbes ha sido criticada por no revelar los métodos de cálculo y más detalles sobre la fortuna de "El Chapo", pero de ahí a sostener que hay una campaña en contra de México hay un abismo. ¿Quién la orquesta, con qué propósito, a qué fines obedece? Esas son las respuestas que debería ofrecer un Gobierno mexicano muy duro con el mensajero, una vez más, injustamente tratado.
Posteriormente, el 2 de marzo, fue el fiscal general de México, Eduardo Medina Mora, quien arremetió contra los informadores: "Los criminales organizados usan técnicas de comunicación para acrecentar el efecto de sus actos de intimidación (...) no es sólo la violencia que desplegan, sino la manera en la que lo hacen, precisamente porque saben que esa violencia y esa manera de desarrollarla será recogida por los medios y en ese sentido potenciará su efecto intimidatorio".
Agregaba en el mismo discurso más adelante. "Normar la libertad de expresión desde el gobierno daría lugar a muchos más peligros que beneficios. Estoy convencido de que son los propios medios los que deben autorregularse mirando por los más altos intereses de la sociedad a la que pertenecen y a la que sirven (...) En el combate contra el enemigo común, la ciudadanía necesita información completa y equilibrada, que presente fallas y debilidades, pero también fortalezas y resultados. Si bien la critica al trabajo del gobierno es fundamental para afinar estrategias y asegurar los resultados, es preciso, ante todo, que asumamos la existencia de un enemigo común al que combatimos de manera conjunta".
Finalmente ha sido el propio presidente Calderón quien el pasado 12 de marzo se ha mostrado inconforme con la imagen de México en el mundo, denunciado una campaña contra su país y pedido que cesen los ataques parciales después de la inclusión de la revista Forbes de Joaquín "El Chapo" Guzmán como el personaje en el puesto 701 de los más ricos del mundo: "Mi primer punto es, primero, lamentar profundamente que se haya escalado una campaña que parece que es una campaña contra México. Que la opinión pública, y ahora hasta las revistas, no sólo se dedican a atacar, a mentir sobre la situación de México, sino a exaltar a los criminales.
En lo que México lo consideramos, incluso, un delito, que es apología del delito. No me detengo en los detalles, quizá ustedes los conocen. Pero, evidentemente, eso ni nos arredra a nosotros ni modifica un ápice nuestra firme determinación de fortalecer el Estado de Derecho en México, de garantizar a cada mexicana y a cada mexicano su seguridad, y en eso estamos empeñados".
"Y si podemos observar, precisamente, este fenómeno veremos que la imagen que se ha transmitido de México es que si hay 6.500 muertes en México el año pasado, se genera la idea de que los ciudadanos mexicanos se están desplomando, abatidos por el crimen en las calles de esta ciudad o cualquier otra. Y eso no es así, y ustedes lo podrán constatar, además, en su estancia en México", agregó el mandatario.
Sus palabras trascendieron después de que el director de Inteligencia de EEUU, Dennis Blair, asegurase que debido a la corrupción generada por el narcotráfico el Gobierno de México había perdido el control de algunas "partes de su territorio", lo que rechazó con rotundidad el Gobierno.
Mi lectura de los hechos es que el Gobierno ha comenzado, él sí, una campaña en los medios para satanizar y criticar determinadas informaciones que considera negativas para la imagen del país. Donde muchos medios ven y relatan hechos crudos, el Ejecutivo mexicano ve una campaña en su contra. Difícil rebatir a quien cierra filas de esta manera y trata de desacreditar voces plurales. Cierto que Forbes ha sido criticada por no revelar los métodos de cálculo y más detalles sobre la fortuna de "El Chapo", pero de ahí a sostener que hay una campaña en contra de México hay un abismo. ¿Quién la orquesta, con qué propósito, a qué fines obedece? Esas son las respuestas que debería ofrecer un Gobierno mexicano muy duro con el mensajero, una vez más, injustamente tratado.
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martes, 3 de marzo de 2009
El obispo de Ciudad Juárez apuesta por recuperar a la generación "perdida" que atenta contra la sociedad
En los últimos días el norteño estado mexicano de Chihuahua ha sido centro de atención mundial debido a la violencia. El Gobierno ha desplegado allí a soldados y policías federales para tratar de recuperar el orden. El mensaje que envían es de firmeza y de máxima exigencia militar. Pasan de 7.000 los soldados desplegados en una población que pasa por ser la más violenta del mundo en estos momentos, con 132 asesinatos por cada 100.000 habitantes el pasado año.
El obispo de la mexicana Ciudad Juárez, Renato Ascencio León, considera que para recuperar la tranquilidad en Chihuahua hay que tratar de que quienes ejercen la violencia "se den cuenta de que son miembros de una sociedad que debe vivir en paz". Un discurso alejado del de la firmeza y contundencia del Estado que promueve Felipe Calderón. En entrevista señala que en la localidad se descuidó la educación de una "generación" que "se nos ha perdido", la misma que "en estos momentos está amenazando a la sociedad misma".
Para el jerarca católico "son muchas las personas que han muerto y que lo han hecho sin una razón de ser" en los últimos meses, más de 1.600 el año pasado en Juárez, y cientos más en distintos puntos del estado. "Aquí en Juárez yo creo que de una manera muy especial, por las necesidades tan fuertes que tienen las familias, muchas que han emigrado de otros lugares, se abocan al trabajo descuidando la formación de los hijos", explica.
En esa coyuntura los seis obispos de Chihuahua suscribieron y publicaron esta semana un mensaje de Cuaresma conjunto por la paz y la esperanza en el estado.
"Pensamos que ante estos tiempos difíciles que nosotros estamos viviendo (...) era conveniente que la voz como pastores, unánime, y (decir) que todos estamos en la misma línea de exhortar para que vuelva la paz y la tranquilidad a esta, nuestra región", dijo León. En el mensaje también se hace un llamado a las personas ligadas a los cárteles de la droga "para que se dejen reconciliar con Dios" y abandonen la violencia. León es un convencido de que esa vía también tiene cabida en el difícil momento que se vive en México. "Yo creo que ellos mismos (los criminales) tienen que darse cuenta de que son miembros de una sociedad y que la sociedad como tal los está rechazando, no los quiere", señala.
Sobre la intensa presencia de militares y policías federales en las calles de la Ciudad Juárez, que ha aumentado en los últimos días, espera que haga reaccionar a los violentos. El obispo cree que el despliegue "ha, por lo menos, hecho pensar a quienes están cometiendo estos crímenes que es necesario bajar esta ola de criminalidad", lo que se ha reflejado en una sensible disminución de los crímenes que sucedían a diario desde hace meses.
Finalmente a los juarenses les pidió mantenerse unidos a sus autoridades y como ciudadanos, "defendiéndonos en esta hora crítica, especial, que está viviendo nuestra sociedad".
También llamó a "confiar mucho en la protección de Dios" y seguir rezando "una oración por la paz" como cada mediodía hacen desde hace meses los fieles "en las familias, iglesias, colegios, en todos los lugares donde es posible" en Ciudad Juárez. "Yo creo que hay que pedir al Señor, que es el Príncipe de la Paz, que Él nos proteja. Nosotros vivimos en gran medida confiando en el Señor y nuestras fuerza, nuestras armas, son precisamente las espirituales", concluyó.
Un problema de difícil solución y respuesta en el que el análisis de la Iglesia católica representa en sí mismo un contrapunto del de las autoridades del país.
El obispo de la mexicana Ciudad Juárez, Renato Ascencio León, considera que para recuperar la tranquilidad en Chihuahua hay que tratar de que quienes ejercen la violencia "se den cuenta de que son miembros de una sociedad que debe vivir en paz". Un discurso alejado del de la firmeza y contundencia del Estado que promueve Felipe Calderón. En entrevista señala que en la localidad se descuidó la educación de una "generación" que "se nos ha perdido", la misma que "en estos momentos está amenazando a la sociedad misma".
Para el jerarca católico "son muchas las personas que han muerto y que lo han hecho sin una razón de ser" en los últimos meses, más de 1.600 el año pasado en Juárez, y cientos más en distintos puntos del estado. "Aquí en Juárez yo creo que de una manera muy especial, por las necesidades tan fuertes que tienen las familias, muchas que han emigrado de otros lugares, se abocan al trabajo descuidando la formación de los hijos", explica.
En esa coyuntura los seis obispos de Chihuahua suscribieron y publicaron esta semana un mensaje de Cuaresma conjunto por la paz y la esperanza en el estado.
"Pensamos que ante estos tiempos difíciles que nosotros estamos viviendo (...) era conveniente que la voz como pastores, unánime, y (decir) que todos estamos en la misma línea de exhortar para que vuelva la paz y la tranquilidad a esta, nuestra región", dijo León. En el mensaje también se hace un llamado a las personas ligadas a los cárteles de la droga "para que se dejen reconciliar con Dios" y abandonen la violencia. León es un convencido de que esa vía también tiene cabida en el difícil momento que se vive en México. "Yo creo que ellos mismos (los criminales) tienen que darse cuenta de que son miembros de una sociedad y que la sociedad como tal los está rechazando, no los quiere", señala.
Sobre la intensa presencia de militares y policías federales en las calles de la Ciudad Juárez, que ha aumentado en los últimos días, espera que haga reaccionar a los violentos. El obispo cree que el despliegue "ha, por lo menos, hecho pensar a quienes están cometiendo estos crímenes que es necesario bajar esta ola de criminalidad", lo que se ha reflejado en una sensible disminución de los crímenes que sucedían a diario desde hace meses.
Finalmente a los juarenses les pidió mantenerse unidos a sus autoridades y como ciudadanos, "defendiéndonos en esta hora crítica, especial, que está viviendo nuestra sociedad".
También llamó a "confiar mucho en la protección de Dios" y seguir rezando "una oración por la paz" como cada mediodía hacen desde hace meses los fieles "en las familias, iglesias, colegios, en todos los lugares donde es posible" en Ciudad Juárez. "Yo creo que hay que pedir al Señor, que es el Príncipe de la Paz, que Él nos proteja. Nosotros vivimos en gran medida confiando en el Señor y nuestras fuerza, nuestras armas, son precisamente las espirituales", concluyó.
Un problema de difícil solución y respuesta en el que el análisis de la Iglesia católica representa en sí mismo un contrapunto del de las autoridades del país.
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jueves, 12 de febrero de 2009
Matar al mensajero
Cierta preocupación recorre el mundo de los medios en México. El máximo responsable político del país no está contento con la imagen que existe en el exterior de México. Demasiada violencia, mucha sangre y el inocultable problema del goteo de muertes en varios estados del país.
Una mirada simple deja nada más eso: muerte y violencia. Otra más pausada aprecia corrupción, impunidad, una justicia torpe y negligente, al servicio de los poderosos, sin ánimo de reforma.
En ese contexto durante el Foro de Davos el gobierno ha empezado a decir que hace falta un buen "publirelacionista", que la "imagen real" del país no es la que proyectan los medios. Compañeros reporteros llevan meses lamentando la lejanía gubernamental, que no acepta de buen grado la crudeza, por ejemplo, de los datos sobre la violencia, basados en hechos y en datos atroces. A día de hoy 784 asesinatos, según datos que publica el periódico El Universal.
¿Retorno a las tentaciones de control y represión del pasado? ¿Falta de apertura, de voluntad de ser excrutados, criticados, analizados, desde fuera? Por no gustar, no gustan siquiera los pronósticos económicos pesimistas... Y eso que la Secretaría de Hacienda aún no se ha atrevido a sacar un pronóstico de decrecimiento para el año 2009. Veremos... el panorama es de lo más deprimente en toda la región latinoamericana, como pone de manifiesto el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) en su informe 2008
Una mirada simple deja nada más eso: muerte y violencia. Otra más pausada aprecia corrupción, impunidad, una justicia torpe y negligente, al servicio de los poderosos, sin ánimo de reforma.
En ese contexto durante el Foro de Davos el gobierno ha empezado a decir que hace falta un buen "publirelacionista", que la "imagen real" del país no es la que proyectan los medios. Compañeros reporteros llevan meses lamentando la lejanía gubernamental, que no acepta de buen grado la crudeza, por ejemplo, de los datos sobre la violencia, basados en hechos y en datos atroces. A día de hoy 784 asesinatos, según datos que publica el periódico El Universal.
¿Retorno a las tentaciones de control y represión del pasado? ¿Falta de apertura, de voluntad de ser excrutados, criticados, analizados, desde fuera? Por no gustar, no gustan siquiera los pronósticos económicos pesimistas... Y eso que la Secretaría de Hacienda aún no se ha atrevido a sacar un pronóstico de decrecimiento para el año 2009. Veremos... el panorama es de lo más deprimente en toda la región latinoamericana, como pone de manifiesto el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) en su informe 2008
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miércoles, 7 de enero de 2009
Periodistas de México en la mira
El 7 de abril de 2008 las periodistas de una radio comunitaria mexicana Felicitas Martínez y Teresa Bautista Flores fueron asesinadas por desconocidos. Eran indígenas triquis de una pequeña radio del estado. El suceso ocurrió en Putla de Guerrero y las autoridades mexicanas han descartado que la acción fuera específicamente contra ellas por ser periodistas. El 6 de enero de este año las instalaciones de Televisa Monterrey fueron atacadas con una granada y una ráfaga de disparos. “Esta noche todos, los que trabajamos en Televisa condenamos el atentado, el acto de violencia, la intimidación, el intento de acallarnos, de acallar la libertad de expresión, que no es de los periodistas sino de todos los mexicanos”, señaló el periodista Joaquín López Dóriga en el noticiero estrella de la cadena.
Un grupo de encapuchados, presumiblemente del crimen organizado, dejó un mensaje alertando de que la acción era "un aviso" a la televisora aparentemente por informar nada más de algunas acciones de los cárteles de la droga, no de las de un grupo rival. La Fiscalía federal ha tomado el caso y la empresa les urge a que lo resuelvan: "Para las autoridades hacemos el llamado, el emplazamiento, la exigencia a que investiguen, aclaren, detengan y castiguen a los responsables del atentado de un México que no queremos así”, agregó.
Son dos ejemplos de que a cualquier comunicador incisivo que aborde temas de narcotráfico y crimen organizado le puede pasar algo en este país. En 2008 hubo más de 5.600 muertos, algunos de ellos periodistas. Armando Rodríguez Carreón, de El Diario de Ciudad Juárez, fue acribillado a las puertas de su casa. Algunos, como el titular de la Fiscalía Especial de Delitos cometidos contra Periodistas, Octavio Orellana Wiarco, parecen tener puesta una venda ante los ojos. En diciembre pasado, en una vergonzosa rueda de prensa por la ausencia de datos y precisiones, minimizó los ataques contra periodistas en México. Dijo que la mayor parte de aquellos en los que los comunicadores estaban involucrados no guardaban relación con el ejercicio del periodismo. El funcionario se mostró demasiado errático en sus respuesta y más reservado de lo necesario ante un problema vivo y latente.
Reporteros Sin Fronteras (RSF), el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) rechazan la lectura de los hechos y mantienen a México como uno de los países más peligrosos para los informadores en América Latina y el mundo. Es tiempo para una reacción desde lo más alto del Gobierno, no con palabras sino con hechos ciertos.
Un grupo de encapuchados, presumiblemente del crimen organizado, dejó un mensaje alertando de que la acción era "un aviso" a la televisora aparentemente por informar nada más de algunas acciones de los cárteles de la droga, no de las de un grupo rival. La Fiscalía federal ha tomado el caso y la empresa les urge a que lo resuelvan: "Para las autoridades hacemos el llamado, el emplazamiento, la exigencia a que investiguen, aclaren, detengan y castiguen a los responsables del atentado de un México que no queremos así”, agregó.
Son dos ejemplos de que a cualquier comunicador incisivo que aborde temas de narcotráfico y crimen organizado le puede pasar algo en este país. En 2008 hubo más de 5.600 muertos, algunos de ellos periodistas. Armando Rodríguez Carreón, de El Diario de Ciudad Juárez, fue acribillado a las puertas de su casa. Algunos, como el titular de la Fiscalía Especial de Delitos cometidos contra Periodistas, Octavio Orellana Wiarco, parecen tener puesta una venda ante los ojos. En diciembre pasado, en una vergonzosa rueda de prensa por la ausencia de datos y precisiones, minimizó los ataques contra periodistas en México. Dijo que la mayor parte de aquellos en los que los comunicadores estaban involucrados no guardaban relación con el ejercicio del periodismo. El funcionario se mostró demasiado errático en sus respuesta y más reservado de lo necesario ante un problema vivo y latente.
Reporteros Sin Fronteras (RSF), el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) rechazan la lectura de los hechos y mantienen a México como uno de los países más peligrosos para los informadores en América Latina y el mundo. Es tiempo para una reacción desde lo más alto del Gobierno, no con palabras sino con hechos ciertos.
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jueves, 11 de diciembre de 2008
Silvia Vargas, hallada sin vida quince meses después de su secuestro
La joven de dieciocho años Silvia Vargas fue secuestrada el 10 de septiembre de 2007, hace quince meses. La negociación de su rescate se empantanó y los padres de la criatura han pasado todo este tiempo sin noticias de ella hasta que las autoridades, por el testimonio de un delincuente encarcelado, dieron con su cadáver. Hace pocos días encontraron unos restos humanos en una vivienda del sur de Ciudad de México, enterrados en un hoyo frío. Esa fue la impresión que me dio al verlo. La Fiscalía mexicana confirmó hoy que eran los de la joven, tras hacer un pésimo manejo mediático de la situación, adelantando públicamente que tenían el cadáver de una joven pero sin saber aún si eran los de Silvia.
La noticia me dejó helado, especialmente porque la familia Vargas ha pasado estos quince meses destrozada y, al fin y a la postre, lo que están recibiendo es el cadáver de un ser querido. Ninguno de los secuestradores ha sido atrapado...
México, un país con millones de personas de bien, no se merece esto. Esta es una cultura con cosas hermosas, como esa relación festiva con la muerte, difícil de entender en otros lugares, su fácil aceptación del extraño o extranjero, su alegría, pero también una sociedad que maltrata y desprecia la vida en muchas ocasiones. ¿Cómo fue posible que la mataran y pusieran a sufrir a la familia? ¿Cómo, que las autoridades hayan tardado tanto en avanzar en el caso? ¡Qué indignante que una banda de secuestradores pueda acabar con la vida de una joven simplemente porque no se llegó a un entendimiento en el tema del dinero con los captores! ¡Qué desprecio por esa vida como por tantas otras!
El padre de la joven, Nelson Vargas, fue presidente de la Comisión Nacional del Deporte (Conade), una especie de ministerio mexicano del ramo. Si no fuese por eso el caso habría pasado posiblemente mucho más desapercibido... Lo peor del mismo es que destapa una sociedad desigual y dispareja, donde unos quieren vivir en paz pero otros buscan el dinero fácil, el crimen como vía de enriquecimiento y el desprecio total por la vida y las normas mínimas de convivencia.
La noticia me dejó helado, especialmente porque la familia Vargas ha pasado estos quince meses destrozada y, al fin y a la postre, lo que están recibiendo es el cadáver de un ser querido. Ninguno de los secuestradores ha sido atrapado...
México, un país con millones de personas de bien, no se merece esto. Esta es una cultura con cosas hermosas, como esa relación festiva con la muerte, difícil de entender en otros lugares, su fácil aceptación del extraño o extranjero, su alegría, pero también una sociedad que maltrata y desprecia la vida en muchas ocasiones. ¿Cómo fue posible que la mataran y pusieran a sufrir a la familia? ¿Cómo, que las autoridades hayan tardado tanto en avanzar en el caso? ¡Qué indignante que una banda de secuestradores pueda acabar con la vida de una joven simplemente porque no se llegó a un entendimiento en el tema del dinero con los captores! ¡Qué desprecio por esa vida como por tantas otras!
El padre de la joven, Nelson Vargas, fue presidente de la Comisión Nacional del Deporte (Conade), una especie de ministerio mexicano del ramo. Si no fuese por eso el caso habría pasado posiblemente mucho más desapercibido... Lo peor del mismo es que destapa una sociedad desigual y dispareja, donde unos quieren vivir en paz pero otros buscan el dinero fácil, el crimen como vía de enriquecimiento y el desprecio total por la vida y las normas mínimas de convivencia.
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