Nunca le entrevisté pero nos cruzamos muchas veces en los mejores años de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (2004-2012). Sonreía, quizás se sentía apabullado con la fama que le acompañaba y que le impedía disfrutar ya del silencio, del incógnito, de la vida como era antes de convertirse él mismo en lengua, en sueños, en ser literatura viva, que camina. Admirado, adulado, leído con pasión, añorado cuando no estaba, cuando estaba pero también cuando callaba.
En México coincidí con él varias veces, nunca le entrevisté, mejor. Me quedo con sus historias, "Crónica de una muerte anunciada", el primero, "Cien años de soledad", inmenso, "El amor en los tiempos del cólera", una recomendación antes de que que comenzaran los viajes largos, de vida.
Hace unos meses escribí esta historia de su vida en México. Gracias México por tenerlo tan cerca y por conocerlo, a través suyo, a través de otros, de Álvaro Mutis sobre todo. Aquí queda el testimonio en un Jueves Santo muy triste, de un dolor distinto:
México, país de acogida de exiliados argentinos, españoles o chilenos en tiempos dictatoriales, se convirtió también
en el hogar del Nobel colombiano Gabriel García Márquez, quien llegó al país hace más de medio siglo y lo convirtió en cuna de su novela más universal, "Cien años de soledad" (1967).
"A México le hice llegar yo", dijo el también escritor Álvaro Mutis sobre la llegada de Gabo, quien a fines de los años cincuenta estaba en apuros en Colombia "y después le convencí para que se
viniera para acá".
Un viaje circunstancial que estaba previsto que durara apenas una semana se convirtió en definitivo para García Márquez (Aracataca, 1927), quien recordó que su llegada coincidió con "el día que se mató (Ernest) Hemingway", el 2 de julio de 1961.
"Lo sé porque exactamente en la mañana me llamó (el escritor mexicano) Juan García Ponce y le dije, 'qué hay de nuevo'". Este me contestó: '¡¡Qué hay de nuevo!! ¡Que el cabrón de Hemingway se partió la madre de un escopetazo!", recordó el autor de "Crónica de una muerte anunciada" (1981).
El plan inicial de García Márquez era estar "una semana" para visitar a Mutis "y de eso hace cincuenta años", llegó a decir el laureado autor de mil historias hermosas, que con el tiempo se fue vinculado de manera más estrecha a México.
La idea de Gabo fue entonces dedicarse al cine, un arte cuyas claves había aprendido en Roma (Italia).
México era entonces "el país soñado al que todos queríamos llegar, el punto de referencia en América Latina al que todos mirábamos desde el sur como el sitio asombroso y bello" y fue para él y para Gabo un "refugio creador, un país cuya gente y cultura son una fuente inspiración", recordó hace años Mutis.
Precisamente fue Álvaro Mutis quien recomendaría a García Márquez la lectura de "Pedro Páramo" (1955), la gran novela de Juan Rulfo años antes de que el Nobel colombiano encontrara el hilo que le condujo a "Cien años de soledad", una obra que el propio Carlos Fuentes considera el "Quijote americano".
Como ha contado García Márquez en varias ocasiones, fue en 1965 en el sur de México cuando el escritor sintió la inspiración definitiva para escribir la novela que relata la historia de la familia Buendía ambientada en el pueblo imaginario de Macondo.
En enero de 1965 Gabo viajaba en automóvil con su familia desde Ciudad de México a Acapulco cuando a la altura de Cuervanaca, tuvo un percance y decidió desistir de la travesía. Una de las múltiples conjeturas "macondianas" sobre el episodio indica que una res se le atravesó en el camino, le averió el vehículo y le obligó a regresar a casa, pero todas la versiones, incluidas las contadas por él, coinciden en que en ese instante
vislumbró las claves que buscaba para escribir su primera gran novela.
"La tenía tan madura que hubiera podido dictarle allí mismo, en la carretera de Cuernavaca, el primer capítulo, palabra por palabra, a una mecanógrafa", diría García Márquez mucho después, al evocar
aquel momento mágico.
A partir de entonces el autor colombiano se encerró durante dieciocho meses en su estudio de Ciudad de México provisto de grandes reservas de papel y cigarrillos a escribir.
Mutis, Fuentes y Julio Cortázar, que leyeron parte de los originales, tuvieron la impresión de que su amigo y colega estaba elaborando una obra inmortal desde las primeras líneas de la obra: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su
padre lo llevó a conocer el hielo".
A finales de 1966, la editorial argentina Sudamericana aceptó, deslumbrada, los textos mecanografiados y en 1967 publicó "Cien años de soledad" con un enorme éxito.
En su media vida en México García Márquez cultivó amistades con algunos de los más importantes creadores pero vivió alejado de los reflectores la mayor parte del tiempo, especialmente en sus últimos
años.
Del autor colombiano el mexicano Carlos Fuentes llegó a decir a propósito de sus 80 años que había en él "un mito de la fundación del mundo y también una ética de la destrucción del mundo" entre las
cuales "se interpone el poeta, el narrador".
"Es transatlántico, es español, es hispanoamericano, piensa y escribe en español aunque se reconoce en el rostro del mundo", llegó a decir el escritor mexicano en Cartagena de Indias sobre su colega y amigo colombiano.
Post mortem.- Hoy puede ser un gran día para empezar a escribir un diario porque Gabriel García Márquez se fue.
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jueves, 17 de abril de 2014
martes, 19 de noviembre de 2013
La doble entrevista a Poniatowska
Martes 19 de noviembre. Mañana celebran los mexicanos la Revolución pero la fiesta se anticipó un día. La "soldadera mayor", Elena Poniatowska, acaba de ganar el Premio Cervantes de Literatura 2013 días antes de presentar un libro muy especial, "El universo o nada" (Seix Barral, 2013), que es biográfico. Narra la historia de Guillermo Haro, el padre de los tres hijos de Elena Poniatowska, una periodista mexicana que es como una piedra en un zapato: pequeña pero dolorosa un día y otro.
Poniatowska contesta paciente al teléfono a la llamada que le hago para sacar una primera reacción al galardón. Es cortante, es temprano, no es lo mismo entrevistar a la gente por teléfono que mirándola a los ojos, sobre todo a los de Poniatowska, azules claros, llenos de vida, vivarachos...
Elena me regala el titular: "Sacar un premio como éste es como un regalo del cielo". Uno que no la conozca demasiado ha de pensar que es una mujer de fe, religiosa, pero no. Estuvo casada con Haro, un eminente astrofísico, y es él quien le habría mandado el Cervantes 2013 desde las estrellas. Quizás, parece decir Elena.
La nota se va deprisa porque Elena es así, clara al hablar, irreverente, bastante. Un compañero periodista pide el teléfono de su casa y a los quince minutos ha logrado cita. Entrevista para España, Elena acepta. El corresponsal me invita y nos la echamos juntos. Nos recibe en Chimalistac, su casa en una de esas calles empedradas, como de pueblo, ubicada al lado de Insurgentes, la avenida más larga de Ciudad de México, una de las más caóticas. Elena contesta una a una a las preguntas de mi compañero, voy de invitado. Cuando tengo un hueco le lanzo la primera: "¿Qué le dirías a tanto joven que en las calles protesta, a tanta gente que no tiene trabajo, que está emigrando?". Elena no se lo piensa mucho pero no pontifica, no les responde a ellos sino al viento:
"Yo, si fuera presidente, que no lo soy, pondría todo el presupuesto en las escuelas, en la educación, porque con la educación también viene la salud" y una vida mejor, declara.
La periodista puede dirigir semejante andanada a México o a España, qué más da. En ambos países hay calles tomadas por protestas ante carencias educativas, por recortes de becas, la precarización de los Programas Erasmus, una vergüenza en un contexto de crisis. Elena no pone dedicatoria a su frase pero creo que a buen entendedor demasiadas palabras sobran. Así es Elena Poniatowska, un torbellino que acaba de cruzar el Atlántico. Esperen a abril, ya lo verán de nuevo barriendo conciencias y complacencias.
Poniatowska contesta paciente al teléfono a la llamada que le hago para sacar una primera reacción al galardón. Es cortante, es temprano, no es lo mismo entrevistar a la gente por teléfono que mirándola a los ojos, sobre todo a los de Poniatowska, azules claros, llenos de vida, vivarachos...
Elena me regala el titular: "Sacar un premio como éste es como un regalo del cielo". Uno que no la conozca demasiado ha de pensar que es una mujer de fe, religiosa, pero no. Estuvo casada con Haro, un eminente astrofísico, y es él quien le habría mandado el Cervantes 2013 desde las estrellas. Quizás, parece decir Elena.
La nota se va deprisa porque Elena es así, clara al hablar, irreverente, bastante. Un compañero periodista pide el teléfono de su casa y a los quince minutos ha logrado cita. Entrevista para España, Elena acepta. El corresponsal me invita y nos la echamos juntos. Nos recibe en Chimalistac, su casa en una de esas calles empedradas, como de pueblo, ubicada al lado de Insurgentes, la avenida más larga de Ciudad de México, una de las más caóticas. Elena contesta una a una a las preguntas de mi compañero, voy de invitado. Cuando tengo un hueco le lanzo la primera: "¿Qué le dirías a tanto joven que en las calles protesta, a tanta gente que no tiene trabajo, que está emigrando?". Elena no se lo piensa mucho pero no pontifica, no les responde a ellos sino al viento:
"Yo, si fuera presidente, que no lo soy, pondría todo el presupuesto en las escuelas, en la educación, porque con la educación también viene la salud" y una vida mejor, declara.
La periodista puede dirigir semejante andanada a México o a España, qué más da. En ambos países hay calles tomadas por protestas ante carencias educativas, por recortes de becas, la precarización de los Programas Erasmus, una vergüenza en un contexto de crisis. Elena no pone dedicatoria a su frase pero creo que a buen entendedor demasiadas palabras sobran. Así es Elena Poniatowska, un torbellino que acaba de cruzar el Atlántico. Esperen a abril, ya lo verán de nuevo barriendo conciencias y complacencias.
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sábado, 2 de noviembre de 2013
Quino: The Beatles, pura alegría y frescura
No tenía pensado escribir del dibujante argentino Quino, menos conocido por su nombre propio, Joaquín Salvador Lavado Tejón, pero dos casualidades se dieron hoy. Una, que el propio Quino, al preguntársele qué música era la que le inspiraba, con la que escribía, no supo bien que pensar. Enseguida se resarció, dijo que The Beatles porque eran un grupo cerca del cual había estado siempre y ensalzó su "alegría" y "frescura". Dijo que nadie como John Lennon y su clan habían aportado tanto
Más tarde en Babelia el flamante Premio Príncipe de Asturias, Antonio Muchoz Molina, dedicaba parte de su artículo semanal a ellos, al cuarteto de Liverpool. ¿Casualidades? No creo, más bien estamos ante un pequeño tributo a una de las bandas que más aportaron al mundo con una manera de hacer distintas las cosas distinta a la de entonces.
Más tarde en Babelia el flamante Premio Príncipe de Asturias, Antonio Muchoz Molina, dedicaba parte de su artículo semanal a ellos, al cuarteto de Liverpool. ¿Casualidades? No creo, más bien estamos ante un pequeño tributo a una de las bandas que más aportaron al mundo con una manera de hacer distintas las cosas distinta a la de entonces.
lunes, 17 de junio de 2013
José Ovejero no cree en el amor sentimental
Acaba de llegar a México el escritor José Ovejero. Viene con ánimo guerrero, sin intimidarse con una gira extenuante que le llevará a promocionar por nueve países "La invención del amor", obra premiada con el XVI Premio Alfaguara de Novela 2013 en marzo pasado. Tiene muy claro lo que quiere: quitar el artificio, el sentimentalismo, el romanticismo al amor, desmitificarlo, ofrecer una lectura diferente del mismo a través de sus personajes, uno vivo, Samuel, y una mujer muerta, ausente, Clara.
Esta mañana hemos hablado de la novela y han salido comentarios interesantes sobre el momento que vive la España de la crisis, telón de fondo de la novela, que nace nocturna y de la voz sincera de los amigos de toda la vida, los compañeros de copas que comparten juntos una noche de marcha. Es una imagen críptica que dice mucho del momento de dolor y desazón, de la parálisis y de la necesidad de reacción social, una que el escritor solo ve en las calles, en la gente, lejos de las instituciones caducas y corruptas que sigue habiendo en España.
Esta mañana hemos hablado de la novela y han salido comentarios interesantes sobre el momento que vive la España de la crisis, telón de fondo de la novela, que nace nocturna y de la voz sincera de los amigos de toda la vida, los compañeros de copas que comparten juntos una noche de marcha. Es una imagen críptica que dice mucho del momento de dolor y desazón, de la parálisis y de la necesidad de reacción social, una que el escritor solo ve en las calles, en la gente, lejos de las instituciones caducas y corruptas que sigue habiendo en España.
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lunes, 3 de junio de 2013
Los cuentos de Élmer Mendoza
El escritor mexicano Élmer Mendoza no es muy afecto a los cuentos. Sin embargo, en un esfuerzo por recuperar algunos, acaba de reeditar su libro "Trancapalanca".
Me encantó uno titulado "Instrucciones para controlar a un narcotraficante armado hasta los dientes". Búsquenlo, está vigente: no solo tiene que ver con narcotraficantes sino también con prepotentes, abusivos, acomodados y demás poderosos. En México abundan los guardaespaldas y para ellos también aplicaría el cuento. Aquí dejo una breve reseña del libro.
Me encantó uno titulado "Instrucciones para controlar a un narcotraficante armado hasta los dientes". Búsquenlo, está vigente: no solo tiene que ver con narcotraficantes sino también con prepotentes, abusivos, acomodados y demás poderosos. En México abundan los guardaespaldas y para ellos también aplicaría el cuento. Aquí dejo una breve reseña del libro.
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martes, 15 de mayo de 2012
El adiós de Carlos Fuentes
Llevo un rato repasando páginas y páginas escritas sobre Carlos Fuentes, un mexicano que dedicó toda su obra a glosar el tiempo y la historia. Hace un mes que coincidimos en un hotel de Ciudad de México donde tuvo a bien otorgarnos una entrevista de varios minutos. Estaba de lo más enérgico, erguido, fuerte. Le robé un minuto de intimidad subiendo las escaleras del hotel, ahí sí, algo desvaído a sus 83 años.
La muerte le encontró hoy, a ese contador de historias increíbles, a ese escritor que dio toda su vida por ideales más allá de los de su país, México, que llevaba en el corazón. Estaba preocupado por la realidad política mexicana, poco promisoria a la vista de las cuatro opciones que hay para la Presidencia de la República en las elecciones del 1 de julio próximo. Fuentes quería un cambio real, y ninguno de los cuatro aspirantes parece poder ofrecer eso. Pero dejemos a un lado la coyuntura.
¿Quién era Carlos Fuentes? Era el escritor mexicano vivo más importante pero también una presencia ilustre en la Feria del Libro de Guadalajara, que se había convertido casi en su casa y así se lo ha hecho saber hoy. Era un hombre sin fronteras, un intelectual accesible y rotundo, con capacidad crítica y memoria, sobre todo eso.
Me tocó perseguirle varias veces para medir siempre el valor de un colega premiado o para recordar a algún escritor que se había ido. En 2009 le entregaron el Premio Cervantes de Literatura al poeta mexicano José Emilio Pacheco. Me enteré del hotel donde estaba y llamé a su habitación. No estaba. Probé suerte con el restaurante y me lo pusieron al teléfono.
Aún no sabía quién le hablaba ni para qué, pero se le oía decir al teléfono: "¿Un periodista español? ¿Será mi amigo Juan, Juan Cruz?". No era quién esperaba, pero sí un periodista desesperado por tener una primera valoración acerca de José Emilio Pacheco sin importunarle demasiado: "Es una gran noticia, la celebro enormemente. Pacheco es el más grande poeta vivo que tenemos en México, uno de los grandes poetas de la lengua castellana en todos los tiempos, una obra impresionante", dijo. Y no hizo falta nadie más.
Ese era el escritor que se ha ido, el creador de Artemio Cruz, de Ambrose Bierce, del mosaico de personajes de "La región más transpartente", que hoy le vieron levantarse sobre ella, y despedirse ligero, un poco de sopetón, dejando a los mexicanos y a millones de lectores con una profunda tristeza...
La muerte le encontró hoy, a ese contador de historias increíbles, a ese escritor que dio toda su vida por ideales más allá de los de su país, México, que llevaba en el corazón. Estaba preocupado por la realidad política mexicana, poco promisoria a la vista de las cuatro opciones que hay para la Presidencia de la República en las elecciones del 1 de julio próximo. Fuentes quería un cambio real, y ninguno de los cuatro aspirantes parece poder ofrecer eso. Pero dejemos a un lado la coyuntura.
¿Quién era Carlos Fuentes? Era el escritor mexicano vivo más importante pero también una presencia ilustre en la Feria del Libro de Guadalajara, que se había convertido casi en su casa y así se lo ha hecho saber hoy. Era un hombre sin fronteras, un intelectual accesible y rotundo, con capacidad crítica y memoria, sobre todo eso.
Me tocó perseguirle varias veces para medir siempre el valor de un colega premiado o para recordar a algún escritor que se había ido. En 2009 le entregaron el Premio Cervantes de Literatura al poeta mexicano José Emilio Pacheco. Me enteré del hotel donde estaba y llamé a su habitación. No estaba. Probé suerte con el restaurante y me lo pusieron al teléfono.
Aún no sabía quién le hablaba ni para qué, pero se le oía decir al teléfono: "¿Un periodista español? ¿Será mi amigo Juan, Juan Cruz?". No era quién esperaba, pero sí un periodista desesperado por tener una primera valoración acerca de José Emilio Pacheco sin importunarle demasiado: "Es una gran noticia, la celebro enormemente. Pacheco es el más grande poeta vivo que tenemos en México, uno de los grandes poetas de la lengua castellana en todos los tiempos, una obra impresionante", dijo. Y no hizo falta nadie más.
Ese era el escritor que se ha ido, el creador de Artemio Cruz, de Ambrose Bierce, del mosaico de personajes de "La región más transpartente", que hoy le vieron levantarse sobre ella, y despedirse ligero, un poco de sopetón, dejando a los mexicanos y a millones de lectores con una profunda tristeza...
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martes, 21 de febrero de 2012
Juan Villoro, cien cuentos
El polifacético escritor mexicano Juan Villoro celebró a la editorial mexicana Almadía con la publicación de "¿Hay vida en la Tierra?", una recopilación de textos que nacieron periodísticos pero han devenido literarios.
Villoro es un maestro, escribe con pasión y entusiasma a editores tan audaces como Jorge Herralde, que está casado con su prosa.
No hay mejor modo de celebrar algo que con una fiesta, y así se puede considerar el libro publicado por Almadía. Es un camino cruzado entre el periodismo y la literatura. Raro que un escritor dé valor al buen periodismo. Villoro cultiva la crónica y aprendió a hacerlas mejores escuchando los consejos del desaparecido Carlos Monsiváis, a quien se sigue echando de menos en México.
"El mundo es caótico, indescifrable, muchas veces absurdo, abusivo, pero de reepente, en algunos de sus rincones, aparece perfectamente estructurada una historia", afirma Villoro. Parece que su único trabajo, y no es poco, es saber encontrarlas e imprimirles su tono, su cadencia.
Otra frase para terminar: "Yo quise, a través de cien historias, trazar un cuatro de costumbres, reflejar cómo estamos viendo, padeciendo, ilusionándonos en estos tiempos en que parece que las máquinas resuelven tantas cosas por nosotros y que muchas veces nos convertimos en simulacros de nosotros mismos. Necesitamos un password para todo, un pin, y olvidamos un poco cómo nos estamos comunicando en lo diario. Los misterios de lo diario, que están ahí, como un ruido de fondo, es lo que he tratado de captar". Sueños.
Villoro es un maestro, escribe con pasión y entusiasma a editores tan audaces como Jorge Herralde, que está casado con su prosa.
No hay mejor modo de celebrar algo que con una fiesta, y así se puede considerar el libro publicado por Almadía. Es un camino cruzado entre el periodismo y la literatura. Raro que un escritor dé valor al buen periodismo. Villoro cultiva la crónica y aprendió a hacerlas mejores escuchando los consejos del desaparecido Carlos Monsiváis, a quien se sigue echando de menos en México.
"El mundo es caótico, indescifrable, muchas veces absurdo, abusivo, pero de reepente, en algunos de sus rincones, aparece perfectamente estructurada una historia", afirma Villoro. Parece que su único trabajo, y no es poco, es saber encontrarlas e imprimirles su tono, su cadencia.
Otra frase para terminar: "Yo quise, a través de cien historias, trazar un cuatro de costumbres, reflejar cómo estamos viendo, padeciendo, ilusionándonos en estos tiempos en que parece que las máquinas resuelven tantas cosas por nosotros y que muchas veces nos convertimos en simulacros de nosotros mismos. Necesitamos un password para todo, un pin, y olvidamos un poco cómo nos estamos comunicando en lo diario. Los misterios de lo diario, que están ahí, como un ruido de fondo, es lo que he tratado de captar". Sueños.
viernes, 3 de febrero de 2012
Encrucijada
Hace tres meses que no venía por aquí pero fueron intensos. A menudo cuando suceden acontecimientos importantes me alejo de la escritura, parálisis. Debe ser una patología heredada del periodismo del día a día.
Hice una cobertura extenuante en la Feria del Libro de Guadalajara 2011 (FIL), por la que fui felicitado a pesar de salir vacío de ella. El periodista ahora debe hacer textos, vídeos y cualquier cosa para sobrevivir. Son tiempos de crisis y más en empresas públicas españolas. O sea, que la de Guadalajara fue una feria con información pero en otros formatos, y alejada calor de los salones, muy corta, poco literaria.
Sin embargo algunas crónicas me dejaron muy satisfecho. Destaco la entrevista con el ilustrador británico Anthony Browne, la entrevista con el polaco Adam Soboczynski, la realizada al suizo Peter Stamm , y la crónica final sobre el "apapacho" .
Le faltó cocinarse un poco más a la FIL 2011, le sobró tiempo de Sala de Prensa y le faltó más diálogo, más contacto con los editores y autores. No faltó un arte popular en la FIL, lo que Jorge Herralde define con tino como "explotar el valor lúdico de la noche", las fiestas de largo que conmemoraron los XXV años de la mayor Feria Internacioanl del Libro en lengua española.
Para 2012 prometo mucho más pero más alternativo. Y sobre todo más generosidad y regularidad.
Hice una cobertura extenuante en la Feria del Libro de Guadalajara 2011 (FIL), por la que fui felicitado a pesar de salir vacío de ella. El periodista ahora debe hacer textos, vídeos y cualquier cosa para sobrevivir. Son tiempos de crisis y más en empresas públicas españolas. O sea, que la de Guadalajara fue una feria con información pero en otros formatos, y alejada calor de los salones, muy corta, poco literaria.
Sin embargo algunas crónicas me dejaron muy satisfecho. Destaco la entrevista con el ilustrador británico Anthony Browne, la entrevista con el polaco Adam Soboczynski, la realizada al suizo Peter Stamm , y la crónica final sobre el "apapacho" .
Le faltó cocinarse un poco más a la FIL 2011, le sobró tiempo de Sala de Prensa y le faltó más diálogo, más contacto con los editores y autores. No faltó un arte popular en la FIL, lo que Jorge Herralde define con tino como "explotar el valor lúdico de la noche", las fiestas de largo que conmemoraron los XXV años de la mayor Feria Internacioanl del Libro en lengua española.
Para 2012 prometo mucho más pero más alternativo. Y sobre todo más generosidad y regularidad.
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viernes, 28 de octubre de 2011
El dulce legado de Harry Potter
El poeta mexicano Benito Taibo acaba de lanzar su segunda novela, "Persona normal", una excelente herramienta para fomentar la lectura. Se desvivió en elogios para la saga fantástica sobre Harry Potter de la escocesa J.K. Rowling. Dice que tiene un enorme mérito pues consiguió "sacar a los jóvenes de la televisión y de los videoclips de tres minutos, y enfrentarlos a libros de setecientas u ochocientas páginas".
"San Harry Potter", así le dice el apasionado Benito Taibo, consiguió "lo que muchos de nosotros como promotores de la lectura no logramos, que era quitarle los temores apocalípticos al libro y que los jóvenes se acercaran a ellos como un producto cultural", declaró.
Taibo explicó que en el libro ha intentado "envenenar a los adolescentes" e inocular en ellos la pasión desde edad temprana por la literatura. Son los lectores más duraderos, los que tienen toda la vida por delante.
La obra cuenta la historia de un huérfano de trece años a quien su tío Paco le hace participar de variopintas aventuras estrechamente ligadas con momentos memorables de la literatura universal encadenados por Taibo.
En sus páginas hay infinidad de guiños a autores clásicos como William Shakespeare, Miguel de Cervantes o Thomas Mann, pero también a maestros de la literatura de aventuras, como Julio Verne, Emilio Salgari o Daniel Defoe, o de la poesía: el griego Constantino Cavafis, los españoles Federico García Lorca, Miguel Hernández o Antonio Machado, y el argentino Oliverio Girondo, entre otros.
Las andanzas del protagonista encierran referencias a Macondo, a los viajes de Jack Kerouac, al mundo de ciencia ficción de Ray Bradbury y terminan en moralejas, peripecias o pensamientos del Quijote, El Principito, o del jefe sioux Tashunka Uitko y su némesis, el general George Custer.
La mecha de las aventuras la enciende el coprotagonista de la novela, el tío Paco, un adulto inspirado en la familia Taibo que actúa como "ancla hacia la fantasía y no hacia la realidad" para el joven.
"Es un gran homenaje al libro y a la lectura y, sobre todo, a la certeza de que nos merecemos la rebelión, los sueños, la esperanza y todos los deseos", señala Benito Taibo.
Escrita "en clave de lector" la obra cierra con una especie de guía de lectura de aquellas obras que encandilaron al propio Taibo.
Convencido de que actualmente "vivimos tiempos oscuros y banales simultáneamente", el poeta considera imprescindible fomentar desde la lectura "una educación sentimental" que vaya "aparejada a la educación formal".
"Cada quién tiene sus maneras de hacerla pero, sin duda, la literatura es un camino importantísimo para ello", asegura.
Benito Taibo es hijo del periodista español Paco Ignacio Taibo Lavilla (1924-2008) y hermano del novelista Paco Ignacio Taibo II, una familia de origen asturiano que se exilió en México a partir de 1959.
Actualmente Benito Taibo está escribiendo otra novela "complicadísima" que será un homenaje al narrador cubano Alejo Carpentier (1904-1980).
"San Harry Potter", así le dice el apasionado Benito Taibo, consiguió "lo que muchos de nosotros como promotores de la lectura no logramos, que era quitarle los temores apocalípticos al libro y que los jóvenes se acercaran a ellos como un producto cultural", declaró.
Taibo explicó que en el libro ha intentado "envenenar a los adolescentes" e inocular en ellos la pasión desde edad temprana por la literatura. Son los lectores más duraderos, los que tienen toda la vida por delante.
La obra cuenta la historia de un huérfano de trece años a quien su tío Paco le hace participar de variopintas aventuras estrechamente ligadas con momentos memorables de la literatura universal encadenados por Taibo.
En sus páginas hay infinidad de guiños a autores clásicos como William Shakespeare, Miguel de Cervantes o Thomas Mann, pero también a maestros de la literatura de aventuras, como Julio Verne, Emilio Salgari o Daniel Defoe, o de la poesía: el griego Constantino Cavafis, los españoles Federico García Lorca, Miguel Hernández o Antonio Machado, y el argentino Oliverio Girondo, entre otros.
Las andanzas del protagonista encierran referencias a Macondo, a los viajes de Jack Kerouac, al mundo de ciencia ficción de Ray Bradbury y terminan en moralejas, peripecias o pensamientos del Quijote, El Principito, o del jefe sioux Tashunka Uitko y su némesis, el general George Custer.
La mecha de las aventuras la enciende el coprotagonista de la novela, el tío Paco, un adulto inspirado en la familia Taibo que actúa como "ancla hacia la fantasía y no hacia la realidad" para el joven.
"Es un gran homenaje al libro y a la lectura y, sobre todo, a la certeza de que nos merecemos la rebelión, los sueños, la esperanza y todos los deseos", señala Benito Taibo.
Escrita "en clave de lector" la obra cierra con una especie de guía de lectura de aquellas obras que encandilaron al propio Taibo.
Convencido de que actualmente "vivimos tiempos oscuros y banales simultáneamente", el poeta considera imprescindible fomentar desde la lectura "una educación sentimental" que vaya "aparejada a la educación formal".
"Cada quién tiene sus maneras de hacerla pero, sin duda, la literatura es un camino importantísimo para ello", asegura.
Benito Taibo es hijo del periodista español Paco Ignacio Taibo Lavilla (1924-2008) y hermano del novelista Paco Ignacio Taibo II, una familia de origen asturiano que se exilió en México a partir de 1959.
Actualmente Benito Taibo está escribiendo otra novela "complicadísima" que será un homenaje al narrador cubano Alejo Carpentier (1904-1980).
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sábado, 24 de septiembre de 2011
Fernando Sicario
Fernando Vallejo recibirá en pocos meses el Premio "Juan Rulfo" de Literatura, ahora renombrado Premio Feria Internacional del Libro de Guadalajara en Lenguas Romances, en la próxima edición de esa cita literaria. Es un autor nacido en Medellín en 1942 y nacionalizado mexicano en 2007 que lleva mucho tiempo dando que hablar por varios motivos: su defensa a ultranza de los derechos de los animales, la estrecha relación entre ciencia y literatura que ha establecido, su crítica despiadada de las religiones, especialmente de la la católica, su literatura sin concesiones...
No es ni muy mediático ni alguien apegado a camarillas o grupos literarios. Es un "loner", un hombre que camina solo en el mundo de la literatura, y que escribe maravillosamente. Un ejemplo de lo anterior es quizás su libro más conocido, "La Virgen de los Sicarios" (1994), llevado al cine por el francés Barbet Schroeder en 2000. Me ha impresionado sobre todo una parte del libro: la del perro moribundo que ha caído en un canal de aguas negras de Medellín y es rescatado por Fernando y Alexis. Es de una crudeza brutal, un momento-bisagra, de esos que cambian el sentido del libro y lo hacen precipitarse al abismo, con enorme dramatismo. La situación del animal anticipa el sufrimiento de los dos animales humanos que le auxilia y pone al descubierto cuán parecido puede ser el sufrimiento de uno al de los otros.
Finalmente es quizás uno de los libros con los cuales más he entendido del sinsentido de las ciudades lationamericanas, sobrepobladas, divididas en barrios estancos, retrepadas en la montaña, con una violencia azarosa a menudo que no obedece a razones sino a apariencias, como el destino de una bala perdida, que igual mata al bebé, a su madre, al hermano o al amante propio, sin dejar ni una grieta, ni un resquicio a la lógica o a las justificaciones.
No es ni muy mediático ni alguien apegado a camarillas o grupos literarios. Es un "loner", un hombre que camina solo en el mundo de la literatura, y que escribe maravillosamente. Un ejemplo de lo anterior es quizás su libro más conocido, "La Virgen de los Sicarios" (1994), llevado al cine por el francés Barbet Schroeder en 2000. Me ha impresionado sobre todo una parte del libro: la del perro moribundo que ha caído en un canal de aguas negras de Medellín y es rescatado por Fernando y Alexis. Es de una crudeza brutal, un momento-bisagra, de esos que cambian el sentido del libro y lo hacen precipitarse al abismo, con enorme dramatismo. La situación del animal anticipa el sufrimiento de los dos animales humanos que le auxilia y pone al descubierto cuán parecido puede ser el sufrimiento de uno al de los otros.
Finalmente es quizás uno de los libros con los cuales más he entendido del sinsentido de las ciudades lationamericanas, sobrepobladas, divididas en barrios estancos, retrepadas en la montaña, con una violencia azarosa a menudo que no obedece a razones sino a apariencias, como el destino de una bala perdida, que igual mata al bebé, a su madre, al hermano o al amante propio, sin dejar ni una grieta, ni un resquicio a la lógica o a las justificaciones.
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martes, 20 de septiembre de 2011
Alberto Manguel: hay que aprender a leer con libros de papel
Con matices, pero ciertamente Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) no cree en que las nuevas tecnologías aplicables a la lectura nos hagan más sensibles ni mejores lectores. Ciertamente pone el listón alto al hablar del "arte profundo de la lectura", que distingue de la que se hace de manera apresurada, para recabar información o en busca de los datos. Sí es una lectura para la cual los medios electrónicos facilitan conseguir lo que buscamos, pero esa lectura no es un arte.
En México, donde hoy a participado en el I Simposio Internacional sobre el Libro Electrónico, ha lanzado dos mensajes, uno crítico con la introducción del libro electrónico en el proceso de aprendizaje de la lectura, y otro más hondo de respeto y admiración hacia el movimiento de los indignados.
Un pensamiento crítico y estimulante, un bálsamo en estos tiempos en los que estamos acostumbrados a que nos pase por encima el rodillo de los hechos consumados.
En México, donde hoy a participado en el I Simposio Internacional sobre el Libro Electrónico, ha lanzado dos mensajes, uno crítico con la introducción del libro electrónico en el proceso de aprendizaje de la lectura, y otro más hondo de respeto y admiración hacia el movimiento de los indignados.
Un pensamiento crítico y estimulante, un bálsamo en estos tiempos en los que estamos acostumbrados a que nos pase por encima el rodillo de los hechos consumados.
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martes, 19 de julio de 2011
Viva Gijón
Hace mucho tiempo que no piso Asturias. Tengo un remoto recuerdo de mi último viaje, por allá por 1991, pero es una zona de España que siempre he sentido cercana. Hace días, en México, volví a tener esa sensación. Tenía delante de mi a Ricardo Menéndez Salmón, autor de "La ofensa" (2007) y "El corrector" (2009), dos novelas implacables. La primera es casi increíble, una historia sobre los dolores muy fuertes, aquel capaz de arrebatarnos la vida o, al menos, la esperanza de vivir. La segunda, un impresionante relato que toma como pretexto los atentados del 11 de marzo de 2004. De nuevo la desazón y la angustia de un dolor, este colectivo y perfectamente identificables: el de los atentados y sus víctimas.
A Ricardo no le conocía de nada. Le entrevisté hace una semana y el encuentro con él, como lector y como persona, me impresionó. "El corrector" es un relato de esos con olor, huele a mar y a muerte; también contiene un intento, un deseo quizás, de enseñar algo muy básico pero al mismo tiempo muy profundo: debemos vivir como si fuera el último día de nuestra vida, amando sobre todas las cosas.
Ricardo Menéndez me habló de literatura pero también de su nueva novela, "La luz es más antigua que el amor" (2011), y de cómo creía ver en estos países latinoamericanos una vitalidad mayor que en la sociedad española. Era una sensación, cierta posiblemente, pero España también está alumbrando una sociedad inconforme y vitalista. El escepticismo está bien enraizado y el bienestar es cada vez más difuso, especialmente entre los desempleados. Puede que las novelas del escritor contengan eso, un creciente dolor, una rebeldía y un afán de recuperar a las personas por encima de todo lo demás. Puede que en España hayamos olvidado algo de lo importante que son las personas, sobre todo las que sufren...
A Ricardo no le conocía de nada. Le entrevisté hace una semana y el encuentro con él, como lector y como persona, me impresionó. "El corrector" es un relato de esos con olor, huele a mar y a muerte; también contiene un intento, un deseo quizás, de enseñar algo muy básico pero al mismo tiempo muy profundo: debemos vivir como si fuera el último día de nuestra vida, amando sobre todas las cosas.
Ricardo Menéndez me habló de literatura pero también de su nueva novela, "La luz es más antigua que el amor" (2011), y de cómo creía ver en estos países latinoamericanos una vitalidad mayor que en la sociedad española. Era una sensación, cierta posiblemente, pero España también está alumbrando una sociedad inconforme y vitalista. El escepticismo está bien enraizado y el bienestar es cada vez más difuso, especialmente entre los desempleados. Puede que las novelas del escritor contengan eso, un creciente dolor, una rebeldía y un afán de recuperar a las personas por encima de todo lo demás. Puede que en España hayamos olvidado algo de lo importante que son las personas, sobre todo las que sufren...
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domingo, 19 de junio de 2011
Una novela colombiana de generación
Colombia tuvo una reacción moral tardía al fenómeno del narcotráfico, explica Juan Gabriel Vásquez, quien acaba de pasar por México para presentar su novela "El ruido de las cosas al caer" (Alfaguara, 2011). Un escritor joven y que abandonó su país hace doce años ha marcado distancias con muchas situaciones de las que allí vivió, por eso quizás la necesidad de reconectar con los de su generación, y explicar cómo vivieron con una violencia que heredaron.
No estaban al tanto de lo que ocurría, convivían con todo aquello entre silencios y misterios, desnudando poco a poco secretos sobre la vida de sus seres queridos, sus fortunas, sus miedos... Es sin duda una novela más de emociones que de historia, pero hunde sus raíces en el desgobierno del momento, en el azar, en la falta de explicaciones de muchas cosas que nos rodean y el desengaño de que los adultos podrían tener más control de sus vidas entonces, en esa etapa de sus vidas.
Anoche, horas antes de terminar la novela, encontré en televisión la película "Rosario Tijeras", basada en la novela de José Franco, la historia de una caída en desgracia, de una mujer mítica destrozada por la violencia. Ella misma respondió con una violencia exponencial a las agresiones, violaciones, desprecios, que había recibido durante su vida. Y pagó con la vida, a mano de un examigo, sus crímenes.
Vásquez está un poco decepcionado de que la prensa le pregunte por el hoy de Colombia, que por los artilugios del libro. Pero la narración está aún caliente, la sangre sigue fluyendo, su país vive en el azar de la violencia y el drama que comporta. Serán varias generaciones las que deban pasar hasta sanar una herida abierta que sigue fluyendo, que muchos colombianos no se pueden permitir el lujo de observar como algo que no les afecta, que es ajeno a ellos, o que pasó. Son violencias que marcan para siempre, heridas que duran muchos, muchos años en cicatrizar.
No estaban al tanto de lo que ocurría, convivían con todo aquello entre silencios y misterios, desnudando poco a poco secretos sobre la vida de sus seres queridos, sus fortunas, sus miedos... Es sin duda una novela más de emociones que de historia, pero hunde sus raíces en el desgobierno del momento, en el azar, en la falta de explicaciones de muchas cosas que nos rodean y el desengaño de que los adultos podrían tener más control de sus vidas entonces, en esa etapa de sus vidas.
Anoche, horas antes de terminar la novela, encontré en televisión la película "Rosario Tijeras", basada en la novela de José Franco, la historia de una caída en desgracia, de una mujer mítica destrozada por la violencia. Ella misma respondió con una violencia exponencial a las agresiones, violaciones, desprecios, que había recibido durante su vida. Y pagó con la vida, a mano de un examigo, sus crímenes.
Vásquez está un poco decepcionado de que la prensa le pregunte por el hoy de Colombia, que por los artilugios del libro. Pero la narración está aún caliente, la sangre sigue fluyendo, su país vive en el azar de la violencia y el drama que comporta. Serán varias generaciones las que deban pasar hasta sanar una herida abierta que sigue fluyendo, que muchos colombianos no se pueden permitir el lujo de observar como algo que no les afecta, que es ajeno a ellos, o que pasó. Son violencias que marcan para siempre, heridas que duran muchos, muchos años en cicatrizar.
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Luis Cernuda, el desacomodado
El poeta sevillano Luis Cernuda murió en México después de vivir casi diez años en este país. Fue un exiliado tardío, llegado a mediados de los cincuenta después de abandonar España y vivir en Gran Bretaña y en Estados Unidos.
Era un hombre especial, capaz de herir a sus seres más queridos, los que le protegían y le acogieron, los que fueron la familia de este escritor desacomodado, vencido a la poesía y entregado a ella. No fue un escritor prolífico ni con una obra homogénea. Sufrió lo indecible, ausente, introvertido, errante, y al final acomodado en un barrio de Coyacán que es el más andaluz probablemente de los que existen en la capital mexicana.
Antonio Rivero Taravillo buceó en esa vida enigmática y cree que entendió mejor a la persona, al que dice que fue el poeta más admirado por otros durante los últimos cincuenta años.
Era un hombre especial, capaz de herir a sus seres más queridos, los que le protegían y le acogieron, los que fueron la familia de este escritor desacomodado, vencido a la poesía y entregado a ella. No fue un escritor prolífico ni con una obra homogénea. Sufrió lo indecible, ausente, introvertido, errante, y al final acomodado en un barrio de Coyacán que es el más andaluz probablemente de los que existen en la capital mexicana.
Antonio Rivero Taravillo buceó en esa vida enigmática y cree que entendió mejor a la persona, al que dice que fue el poeta más admirado por otros durante los últimos cincuenta años.
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lunes, 30 de mayo de 2011
Jorge Volpi, puente entre literatura y ciencia
Entrevistar a Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968) siempre es un reto. No solo es importante haber leído su obra sino también acercarse a él cargado de paciencia, medirle, tirarle de la lengua. No responde sin pensar a nada, es uno de los autores más reflexivos del panorama actual de las letras mexicanas...
Pero Jorge no es frío ni particularmente esquivo solo con la prensa. Creo que genuinamente es así, de los que prefieren estar en silencio envueltos en su mundo a ser protagonista de algo, de cualquier cosa que le saque de las letras, las ficciones y las ideas. En "El cerebro y el arte de la ficción" (Alfaguara, 2011) comparte la esencia de lo que para él es la literatura y las otras ficciones que nos avasallan, algo más que una propuesta simple de entretenimiento. Lectura para lectores, sin duda.
Pero Jorge no es frío ni particularmente esquivo solo con la prensa. Creo que genuinamente es así, de los que prefieren estar en silencio envueltos en su mundo a ser protagonista de algo, de cualquier cosa que le saque de las letras, las ficciones y las ideas. En "El cerebro y el arte de la ficción" (Alfaguara, 2011) comparte la esencia de lo que para él es la literatura y las otras ficciones que nos avasallan, algo más que una propuesta simple de entretenimiento. Lectura para lectores, sin duda.
jueves, 23 de diciembre de 2010
Rivka Galchen y la noción de cómo el amor mata
Me encontré con la escritora estadounidense de origen canadiense Rivka Galchen en la librería "El Conejo Blanco" del barrio de La Condesa. Apartó su laptop y empezamos a hablar de "Perturbaciones atmosféricas" (Almadía, 2010; Atmospheric Disturbances, 2008) sin prisa. Es lo bueno de sacar algunas entrevistas del estricto horario de trabajo.
Rivka (1976) era doctora de medicina general en Nueva York, una profesión en la que entró presionada un poco por los suyos y a la que se dedicó, posiblemente, sin pasión, pero colgó los trastes y entró en el mundo de las letras. Su primera incursión ha sido una novela sobre el amor y los equívocos que encierra, una reflexión sobre cómo se puede perder la capacidad de amar con el paso del tiempo, anclados en la imagen de alguien que fue, y ya no es, alguien que estuvo pero que se transformó, quizás, en otra persona, con el paso del tiempo. A menudo no sabemos cómo interpretar los cambios en las personas a quienes más queremos, con quienes convivimos hoy o lo hicimos en el pasado. La sombra de lo que fueron puede ser muy alargada, años, décadas, y crear en torno a ellas una imagen distinta a lo que son.
El tiempo y la distancia son imponderables, circunstancias que condicionan casi todo lo que somos pero no podemos permitir que el presente quede anclado únicamente en ideas o imágenes del pasado, monstruso o ideal, que ya vivimos. Curioso, que por un lado vivamos un culto al presente y al momento, y que por otro, como sucede con Galchen, lo que viene del pasado domine tanto un momento en nuestras vidas que se convierta en algo demasiado alejado de la realidad, capaz incluso de matar, inmisericorde, la pasión y el amor.
Rivka (1976) era doctora de medicina general en Nueva York, una profesión en la que entró presionada un poco por los suyos y a la que se dedicó, posiblemente, sin pasión, pero colgó los trastes y entró en el mundo de las letras. Su primera incursión ha sido una novela sobre el amor y los equívocos que encierra, una reflexión sobre cómo se puede perder la capacidad de amar con el paso del tiempo, anclados en la imagen de alguien que fue, y ya no es, alguien que estuvo pero que se transformó, quizás, en otra persona, con el paso del tiempo. A menudo no sabemos cómo interpretar los cambios en las personas a quienes más queremos, con quienes convivimos hoy o lo hicimos en el pasado. La sombra de lo que fueron puede ser muy alargada, años, décadas, y crear en torno a ellas una imagen distinta a lo que son.
El tiempo y la distancia son imponderables, circunstancias que condicionan casi todo lo que somos pero no podemos permitir que el presente quede anclado únicamente en ideas o imágenes del pasado, monstruso o ideal, que ya vivimos. Curioso, que por un lado vivamos un culto al presente y al momento, y que por otro, como sucede con Galchen, lo que viene del pasado domine tanto un momento en nuestras vidas que se convierta en algo demasiado alejado de la realidad, capaz incluso de matar, inmisericorde, la pasión y el amor.
Élmer no cree en la "narcoliteratura"
Élmer Mendoza es un escritor sinaloense amable, culto y aterrizado. Ese último calificativo se usa en México para describir a aquellas personas que tienen los pies en la tierra, que conocen a la gente, que son capaces de mirarles a los ojos y de entender su corazón. Élmer tiene esa capacidad desde hace años. En 2005 le entrevisté por primera vez y le he seguid de cerca.
Hace casi un mes le entrevisté y a pregunta expresa sobre si se le podía colocar en lo que algunos llaman "narcoliteratura" dijo que no, que los críticos o periodistas que usan esa etiqueta hacen gala de una enorme "pereza mental". La clasificación es endeble, forma parte de una extraña moda en Mexico de asociar todo lo que sucede con el narcotráfico sin ser capaces de entender que la realidad del crimen organizado es más completa y de que es un sinsentido total, completo, atribuir todos los males, carencias e injusticias a una realidad particular, la de los traficantes de droga, sus sicarios y su violencia, como el actual Gobierno ha querido hacer.
Hace casi un mes le entrevisté y a pregunta expresa sobre si se le podía colocar en lo que algunos llaman "narcoliteratura" dijo que no, que los críticos o periodistas que usan esa etiqueta hacen gala de una enorme "pereza mental". La clasificación es endeble, forma parte de una extraña moda en Mexico de asociar todo lo que sucede con el narcotráfico sin ser capaces de entender que la realidad del crimen organizado es más completa y de que es un sinsentido total, completo, atribuir todos los males, carencias e injusticias a una realidad particular, la de los traficantes de droga, sus sicarios y su violencia, como el actual Gobierno ha querido hacer.
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jueves, 28 de octubre de 2010
La frustración
Conocer un país distinto es muchas veces bucear en una nueva cultura. Es aprender de nuevo nuevos códigos básicos, lengua, cultura, y conocer de cerca conceptos nuevos. Habalr de la revolución Meiji, clave en la modernización de Japón, no tiene casi nada que ver con conocer de cerca la Revolución mexicana, con sus mitos, sus héroes y su construcción nacional. Uno lee a García Márquez y entiende más de América Latina, o se acerca al Quijote y entiende un poco más del ser español. Vargas Llosa explica el poder, y Carlos Fuentes, quizás, el peso de la historia en la vida de la gente, cómo condiciona su libertad.
Carlos Monsiváis era una ciudad, la de México, y la dejó este año menos vital, más pálida, menos entendible en su complejidad. Cruzar la barrera de los países, bucear en las culturas es un acto de profunda frustración, a menos que llegue un momento en que con unas cuantas obras clave, con un montoncito de vivencias, uno pueda entender el todo y convencerse de que está más cerca de entender a los seres humanos. Frustración...
Carlos Monsiváis era una ciudad, la de México, y la dejó este año menos vital, más pálida, menos entendible en su complejidad. Cruzar la barrera de los países, bucear en las culturas es un acto de profunda frustración, a menos que llegue un momento en que con unas cuantas obras clave, con un montoncito de vivencias, uno pueda entender el todo y convencerse de que está más cerca de entender a los seres humanos. Frustración...
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martes, 19 de octubre de 2010
Don Mario
Siempre es un enorme placer que un escritor que nos ha conmovido con sus historias sea reconocido. Pocos cuestionaron que lo fuera el 7 de octubre pasado el peruano Mario Vargas Llosa. Son las suyas novelas intensas por lo general, con personajes cincelados, trabajo psicológico, observación, tramas llenas de recovecos por los que se entra y accede a caracterizaciones, connotaciones, matices que funcionan como resortes, que uno toca y permiten el acceso a un aspecto nuevo de la historia. Es un perfeccionista.
Me tocó perseguirlo en los años noventa, en Tokio, cuando se presentaba a la reelección su enemigo político número uno y él estaba invitado a un foro sobre la Trilateral.
En el hotel Okura, un domingo por la mañana sacrificó su receso para el café para atender a un periodista que se le había aparecido como por arte de magia en Oriente. Actuó con naturalidad, fue amable, contestó a todo y se volvió a meter a discutir sus ideas y visiones de Latinoamérica con los que le habían invitado.
Después ya no hemos hablado pero sí coincidido en la Feria del Libro de Guadalajara, el "alma de la cultura iberoamericana" por nueve días, como dice su presidente.
Precisamente una amiga de allí me decía exultante el día del premio que estaba feliz porque premiando a Vargas Llosa se galardonaba "por fin" ... ¡a un escritor que le gustaba! Nos reímos juntos y seguimos hablando de "La fiesta del chivo" quizás...
Me tocó perseguirlo en los años noventa, en Tokio, cuando se presentaba a la reelección su enemigo político número uno y él estaba invitado a un foro sobre la Trilateral.
En el hotel Okura, un domingo por la mañana sacrificó su receso para el café para atender a un periodista que se le había aparecido como por arte de magia en Oriente. Actuó con naturalidad, fue amable, contestó a todo y se volvió a meter a discutir sus ideas y visiones de Latinoamérica con los que le habían invitado.
Después ya no hemos hablado pero sí coincidido en la Feria del Libro de Guadalajara, el "alma de la cultura iberoamericana" por nueve días, como dice su presidente.
Precisamente una amiga de allí me decía exultante el día del premio que estaba feliz porque premiando a Vargas Llosa se galardonaba "por fin" ... ¡a un escritor que le gustaba! Nos reímos juntos y seguimos hablando de "La fiesta del chivo" quizás...
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jueves, 22 de abril de 2010
Pacheco, acosado
El enorme poeta y mejor persona, José Emilio Pacheco, genera cierta lástima estos días. Un país que le desconocía hace poco, España, le ha premiado con su más alta presea, el Premio Cervantes de Literatura 2009, el Nobel de Literatura en lengua española, para muchos. Pacheco dijo que no se lo creía cuando lo ganó, y siento que lo dice de corazón. Es un poeta que habla siempre de corazón, como si lo tuviera en la mano y lo mostrara en cada verso o en cada palabra.
Tengo la impresión de que estos días de agasajos y halagos vemos a otro Pacheco, un hombre adulado a pesar de su modestia y su intranquilidad ante un micrófono, una pregunta que no se refiera a la lírica, o una requisición que, por ejemplo, se le haga sobre la violencia que existe en México.
El poeta es ante todo poeta, parece repetir una y otra vez a quienes le insistimos desde los medios como energúmenos insaciables. Pacheco es un poeta de pies a cabeza que se debe a sus amigos, como Carlos Monsiváis, y a la poesía. No tiene más patria que la poesía, ejerce de lo que es y no trata de engañarnos con frases para la posteridad ni con vanagloria. Este blog surgió buscando rescatar voces, anécdotas, momentos no demasiado mediáticos, escondidos, que pueden pasar desapercibidos en medio del espectáculo mediático, sea ante temas sociales o ante los literarios. Aquí tenemos una voz poética viva y enérgica. Me encantaría que quienes la escuchan se dejen prender por ella, no por el fasto y la espectacularidad del evento de la premiación, sino más bien por la voz humilde, solitaria y magistral de un poeta auténtico...
Tengo la impresión de que estos días de agasajos y halagos vemos a otro Pacheco, un hombre adulado a pesar de su modestia y su intranquilidad ante un micrófono, una pregunta que no se refiera a la lírica, o una requisición que, por ejemplo, se le haga sobre la violencia que existe en México.
El poeta es ante todo poeta, parece repetir una y otra vez a quienes le insistimos desde los medios como energúmenos insaciables. Pacheco es un poeta de pies a cabeza que se debe a sus amigos, como Carlos Monsiváis, y a la poesía. No tiene más patria que la poesía, ejerce de lo que es y no trata de engañarnos con frases para la posteridad ni con vanagloria. Este blog surgió buscando rescatar voces, anécdotas, momentos no demasiado mediáticos, escondidos, que pueden pasar desapercibidos en medio del espectáculo mediático, sea ante temas sociales o ante los literarios. Aquí tenemos una voz poética viva y enérgica. Me encantaría que quienes la escuchan se dejen prender por ella, no por el fasto y la espectacularidad del evento de la premiación, sino más bien por la voz humilde, solitaria y magistral de un poeta auténtico...
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