Supuestos hijos de Marcial Maciel (1920-2008) han emprendido en México una tarea difícil. Denunciaron públicamente que fueron abusados por su padre, ya fallecido, y responsabilizan a los Legionarios de Cristo, de no haberles compensado por ello. Es un momento complicado, un caso deligado para una congregación que fue de las preferidas de Juan Pablo II y que el actual papa, Benedicto XVI, vigila con lupa.
Un grupo de especialistas cree que el caso que afecta a representa un enorme reto para Benedicto XVI que, de no ser resuelto adecuadamente, podría ensuciar su papado, dijeron varios especialistas en la congregación.
El sociólogo mexicano Fernando González, del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), considera que en 2006 Benedicto XVI intentó hacer de Marcial Maciel "una especie de tumor perfectamente recortable" para "dejar incólume a la Legión de Cristo", algo que fracasó con la aparición de los supuestos hijos del fundador. José Raúl y Omar González Lara, explicaron la semana pasada que Maciel abusó de ellos "durante ocho años" cuando eran pequeños, una vuelta de tuerca más a un caso que ha ganado en presión y complejidad con el paso de los años.
González cree que Benedicto XVI es "uno de los cómplices mayores" de la congregación pero "puede quedar como un héroe" si tiene éxito haciendo una labor parecida a la realizada en Irlanda. En ese país el año pasado quedó asentado en dos informes oficiales, el Ryan y el Murphy, que en los últimos 70 años centenares de niños sufrieron abusos sexuales por parte de sacerdotes irlandeses, sobre todo en la archidiócesis de Dublín desde 1975 a 2004. Ante los Legionarios de Cristo el Papa debe "calcular si tiene que hacer una cirugía mayor", como e Irlanda, e ir "hacia una tolerancia cero", u optar por otras medidas como la disolución, la destitución del actual director general, Álvaro Corcuera y sus más cercanos, o la puesta al frente de la orden de un superior de otra. Según González lo más difícil para el jerarca católico será no destapar "toda la complicidad de las instancias vaticanas desde 1948", algo que alcanzaría a "obispos y cardenales" de organismos como la Sagrada Congregación de Religiosos, la Sagrada Congregación de la Fe, y la Secretaría de Estado
Las denuncias e investigaciones internas ordenadas por el Vaticano se remontan a los años cincuenta del siglo pasado, cuando un grupo de ex seminaristas confesó que habían sido abusados por Maciel. Uno de ellos, José Barba, catedrático del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), explicó recientemente que la inacción vaticana y el ocultamiento urdido desde la congregación impidieron todos estos años "que se haga justicia" y posibilitaron "que mucha gente desilusionada vaya desertando de la orden", fundada en México en 1941. "La gente nunca quiso pensar en que fuera posible que Marcial Maciel fuera un pederasta que sometiera a abusos sexuales a sus propios hijos", agregó en relación con la más reciente revelación.
Para Barba los Legionarios son hoy víctimas de la "soberbia institucional" que han mostrado todos estos años acallando a quienes denunciaron los abusos e intentando desacreditarles. Desde julio pasado cinco obispos han comenzado una inspección del sistema formativo, funcionamiento, de los estados financieros y otros aspectos internos cuya labor está próxima a concluir y que dejará en manos del papa Benedicto XVI el futuro de los Legionarios.
Otra fuente que coincide con las anteriores es el escritor estadounidense Jason Berry, coautor del libro "Votos de silencio. El abuso de poder durante el papado de Juan Pablo II" (2004), el problema del actual Papa es que los Legionarios de Cristo son "una máquina de hacer dinero". Ello hace muy compleja una posible solución porque las decisiones "tienen que ver con propiedades, dinero, líneas de autoridad y toda una historia de cómo la gente (en la congregación) ha sido entrenada", probablemente para el silencio y la ocultación de los abusos del fundador.
Al papa Benedicto XVI Berry le considera "un fundamentalista moral" que tiene ante sí una difícil decisión "política" y "de poder" en la que se juega su futuro una congregación con 800 sacerdotes y 2.600 seminaristas repartidos por dieciocho países.
"No quiero decir que fracasará, espero que no, pero este es un asunto enormemente complejo. La Legión está corrupta y (...) si no termina con la orden como está, y diseña un mecanismo para desmantelarla, seguirá generando escándalos y ello ensuciará su papado hasta el día que muera".
Mostrando entradas con la etiqueta Catolicismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Catolicismo. Mostrar todas las entradas
lunes, 8 de marzo de 2010
miércoles, 3 de marzo de 2010
Marcial Maciel abusó de sus hijos
Los cimientos de una importante congregación religiosa, los Legionarios de Cristo, quedaron sacudidos hoy con un golpe similar al del terremoto ocurrido a fines del mes pasado en Chile. Dos hijos de Marcial Maciel, fundador de la congregación, acusaron a su padre de haber abusado sexualmente de ellos. Públicamente lo dieron a conocer a pocas semanas de que el Vaticano haga público un informe sobre la congregación, muy poderosa y con presencia en más de una decena de países.
En España se dice que Ana Botella, esposa de José María Aznar, simpatiza con la organización. En México la Universidad Anáhuac es uno de sus centros más prominentes. Los intereses de la congregación están en juego y será interesante ver si la autocrítica hace por fin su aparición en las filas vaticanas. Es cuestión de pocos días y quizás acusaciones tan graves como la de hoy precipiten los acontencimientos.
Encomiable fue el modo en que el asunto fue presentado, con la periodista Carmen Aristegui a la cabeza. También llama la atención la valentía de las víctimas, que han destapado una cloaca de la que emana una pestilencia como en pocas ocasiones se ha sentido en la maltrecha Iglesia católica en los últimos años. La religión es cuestión de Dios y de creencias, seguramente, no tanto de entes intermedios, congregaciones, jerarcas, grupos de poder o presión. Sorprende el silencio de los Legionarios y su falta de reacción ante acusaciones tan graves que los ponen al borde de la disolución. La herencia de Maciel no fue obra de Dios sino puro engendro del mal.
En España se dice que Ana Botella, esposa de José María Aznar, simpatiza con la organización. En México la Universidad Anáhuac es uno de sus centros más prominentes. Los intereses de la congregación están en juego y será interesante ver si la autocrítica hace por fin su aparición en las filas vaticanas. Es cuestión de pocos días y quizás acusaciones tan graves como la de hoy precipiten los acontencimientos.
Encomiable fue el modo en que el asunto fue presentado, con la periodista Carmen Aristegui a la cabeza. También llama la atención la valentía de las víctimas, que han destapado una cloaca de la que emana una pestilencia como en pocas ocasiones se ha sentido en la maltrecha Iglesia católica en los últimos años. La religión es cuestión de Dios y de creencias, seguramente, no tanto de entes intermedios, congregaciones, jerarcas, grupos de poder o presión. Sorprende el silencio de los Legionarios y su falta de reacción ante acusaciones tan graves que los ponen al borde de la disolución. La herencia de Maciel no fue obra de Dios sino puro engendro del mal.
Etiquetas:
Catolicismo,
Legionarios,
Marcial Maciel,
pederastia
martes, 20 de enero de 2009
La única familia (VI Encuentro Mundial de las Familias)
Hace pocos días, se celebró en México el VI Encuentro Mundial de las Familias, promovido por la Iglesia católica. Fue una reunión de obispos, cardenales, fieles, celebrada en el este de la capital mexicana. Unas 10.000 personas asistieron a escuchar una idea que fundamental en torno a la familia, que ésta la constituyen mujer, varón y sus hijos. No hay vuelta de hoja, no hubo voluntad de ir más allá, ni voces que plantearan otros modelos, otros grupos, otras formas de organizarnos en sociedad...
Honestamente, me sorprendió la mínima voluntad católica por pensar en el mundo de hoy, por abrir los ojos y ver que hay mucho más en una sociedad que esa unidad mínima de convivencia reducida a eso. Palabras duras se escucharon contra los homosexuales ("La homosexualidad no es un componente necesario de la sociedad, como lo es la familia", señaló el Pontificio Consejo para la Familia, PCF)), contra las familias disfuncionales, contra quienes se casan y no resisten el peso de sus diferencias. También se atacó a quienes pretenden legislar sobre la cuestión: "La relación entr dos personas del mismo sexo no es equivalente a una relación de pareja que se basa en la diferencia sexual. Estas dos situaciones dependen de estructuras que no son de la misma naturaleza. La relación homosexual no entra en este campo social. Es, por lo tanto, una cuestión privada", añadió el PCF.
Los parlamentarios que apoyan estas tesis viven en el "error antropológico" cuando quieren "organizar socialmente la homosexualidad": "La familia es un bien común de la humanidad que no se encuentra a la libre disposición del legislador para responder a las reivindicaciones subjetivas y problemáticas de la época actual", apuntaron.
No es cuestión de reinventar la sociedad sino de abrirla, ampliarla, abarcar e incluir a todos en ella, sin excluir como suele hacer esa jerarquía católica a los diferentes, a los que piensan o sienten distinto, a los que no ven el ser padres como un fin en sí mismo, a los que quieren ser parte de una comunidad, de la sociedad, sin ser marginados por ella.
Eché de menos eso, sobre todo, amén de más coordinación y cercanía de los cardenales presentes a la prensa, a quienes tratábamos de ir más allá del credo bien conocido. Predominaron los medios católicos pero faltó la voluntad de diálogo por repensar y reconocer que la familia tradicional no es la única que existe.
Honestamente, me sorprendió la mínima voluntad católica por pensar en el mundo de hoy, por abrir los ojos y ver que hay mucho más en una sociedad que esa unidad mínima de convivencia reducida a eso. Palabras duras se escucharon contra los homosexuales ("La homosexualidad no es un componente necesario de la sociedad, como lo es la familia", señaló el Pontificio Consejo para la Familia, PCF)), contra las familias disfuncionales, contra quienes se casan y no resisten el peso de sus diferencias. También se atacó a quienes pretenden legislar sobre la cuestión: "La relación entr dos personas del mismo sexo no es equivalente a una relación de pareja que se basa en la diferencia sexual. Estas dos situaciones dependen de estructuras que no son de la misma naturaleza. La relación homosexual no entra en este campo social. Es, por lo tanto, una cuestión privada", añadió el PCF.
Los parlamentarios que apoyan estas tesis viven en el "error antropológico" cuando quieren "organizar socialmente la homosexualidad": "La familia es un bien común de la humanidad que no se encuentra a la libre disposición del legislador para responder a las reivindicaciones subjetivas y problemáticas de la época actual", apuntaron.
No es cuestión de reinventar la sociedad sino de abrirla, ampliarla, abarcar e incluir a todos en ella, sin excluir como suele hacer esa jerarquía católica a los diferentes, a los que piensan o sienten distinto, a los que no ven el ser padres como un fin en sí mismo, a los que quieren ser parte de una comunidad, de la sociedad, sin ser marginados por ella.
Eché de menos eso, sobre todo, amén de más coordinación y cercanía de los cardenales presentes a la prensa, a quienes tratábamos de ir más allá del credo bien conocido. Predominaron los medios católicos pero faltó la voluntad de diálogo por repensar y reconocer que la familia tradicional no es la única que existe.
Etiquetas:
Catolicismo,
familia,
matrimonio,
sociedad
Suscribirse a:
Entradas (Atom)