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viernes, 24 de junio de 2011

El poeta silenciado

En el México bronco hace falta luz. Este es un país doblado por la violencia pero no hundido, creativo, siempre lo digo cuando me preguntan, y lleno de gente trabajadora. Hay días que en la diversidad de su caos dejo de creer en él, me quedo pensando cómo es posible que esta sociedad vitalista no sea capaz de "jalar parejo", de mirar con un poco más de cariño a su realidad y hacer por mejorarla. Cuesta hacerles ver a los mexicanos el valor que tiene la obra pública, los esfuerzos colectivos, los consensos.

No ha sido ese el propósito de Javier Sicilia, conseguir una sociedad uniforme, pero sí apostar por el respeto y el perdón en la diversidad. Ha entendido que a México le faltaba honrar a las víctimas de la violencia del crimen organizado y ha salido a hacerlo. Ha perdido a un hijo, Juan Francisco Sicilia, torturado y asesinado por sicarios pero su dignidad de poeta y de persona está intacta. Ahora el mexicano Eusebio Ruvalcaba ha presentado una antología dirigida, quizás también dedicada, al poeta que dejó de serlo. Aún no sabemos si volverá a escribir.

domingo, 19 de junio de 2011

Luis Cernuda, el desacomodado

El poeta sevillano Luis Cernuda murió en México después de vivir casi diez años en este país. Fue un exiliado tardío, llegado a mediados de los cincuenta después de abandonar España y vivir en Gran Bretaña y en Estados Unidos.

Era un hombre especial, capaz de herir a sus seres más queridos, los que le protegían y le acogieron, los que fueron la familia de este escritor desacomodado, vencido a la poesía y entregado a ella. No fue un escritor prolífico ni con una obra homogénea. Sufrió lo indecible, ausente, introvertido, errante, y al final acomodado en un barrio de Coyacán que es el más andaluz probablemente de los que existen en la capital mexicana.

Antonio Rivero Taravillo buceó en esa vida enigmática y cree que entendió mejor a la persona, al que dice que fue el poeta más admirado por otros durante los últimos cincuenta años.

jueves, 22 de abril de 2010

Pacheco, acosado

El enorme poeta y mejor persona, José Emilio Pacheco, genera cierta lástima estos días. Un país que le desconocía hace poco, España, le ha premiado con su más alta presea, el Premio Cervantes de Literatura 2009, el Nobel de Literatura en lengua española, para muchos. Pacheco dijo que no se lo creía cuando lo ganó, y siento que lo dice de corazón. Es un poeta que habla siempre de corazón, como si lo tuviera en la mano y lo mostrara en cada verso o en cada palabra.

Tengo la impresión de que estos días de agasajos y halagos vemos a otro Pacheco, un hombre adulado a pesar de su modestia y su intranquilidad ante un micrófono, una pregunta que no se refiera a la lírica, o una requisición que, por ejemplo, se le haga sobre la violencia que existe en México.

El poeta es ante todo poeta, parece repetir una y otra vez a quienes le insistimos desde los medios como energúmenos insaciables. Pacheco es un poeta de pies a cabeza que se debe a sus amigos, como Carlos Monsiváis, y a la poesía. No tiene más patria que la poesía, ejerce de lo que es y no trata de engañarnos con frases para la posteridad ni con vanagloria. Este blog surgió buscando rescatar voces, anécdotas, momentos no demasiado mediáticos, escondidos, que pueden pasar desapercibidos en medio del espectáculo mediático, sea ante temas sociales o ante los literarios. Aquí tenemos una voz poética viva y enérgica. Me encantaría que quienes la escuchan se dejen prender por ella, no por el fasto y la espectacularidad del evento de la premiación, sino más bien por la voz humilde, solitaria y magistral de un poeta auténtico...

lunes, 15 de febrero de 2010

Luis Cernuda vive en México, para siempre

Visitó estos días Ciudad de México Antonio Rivero Taravillo, un biógrafo apasionado del poeta sevillano y universal Luis Cernuda (1902-1963). Cuenta Rivero que vino a empaparse del personaje para sentir de cerca por qué se instaló en México en los últimos años de su vida. Sin duda su amistad con el malagueño Manuel Altolaguierre y su esposa, Concha Méndez, debió ser decisiva, pero también la afinidad de Cernuda con Octavio Paz, un escritor a quien había conocido en el congreso de escritores de Valencia de 1937.

Cernuda, dice el biógrafo, vino a México a sabiendas de que era el viaje definitivo, y se instaló en la pequeña Andalucía de la capital mexicana, el barrio de Coyoacán, un rincón que, en el contexto de masificación, saturación de tráfico y tráfago de la ciudad, aún conserva ritmos distintos, pausa, bardas floridas, color, belleza...

La ciudad de México es buena para esconder la hermosura de su gente pero Cernuda encontró en ella el amor a Salvador Alighieri y también a la lengua. Así lo entiende el industrioso biógrafo que está por sacar el segundo libro dedicado a Cernuda, esta vez centrado en sus años sevillanos tras haber dedicado unos años a los españoles (1902-1938).