martes, 20 de enero de 2009

La única familia (VI Encuentro Mundial de las Familias)

Hace pocos días, se celebró en México el VI Encuentro Mundial de las Familias, promovido por la Iglesia católica. Fue una reunión de obispos, cardenales, fieles, celebrada en el este de la capital mexicana. Unas 10.000 personas asistieron a escuchar una idea que fundamental en torno a la familia, que ésta la constituyen mujer, varón y sus hijos. No hay vuelta de hoja, no hubo voluntad de ir más allá, ni voces que plantearan otros modelos, otros grupos, otras formas de organizarnos en sociedad...

Honestamente, me sorprendió la mínima voluntad católica por pensar en el mundo de hoy, por abrir los ojos y ver que hay mucho más en una sociedad que esa unidad mínima de convivencia reducida a eso. Palabras duras se escucharon contra los homosexuales ("La homosexualidad no es un componente necesario de la sociedad, como lo es la familia", señaló el Pontificio Consejo para la Familia, PCF)), contra las familias disfuncionales, contra quienes se casan y no resisten el peso de sus diferencias. También se atacó a quienes pretenden legislar sobre la cuestión: "La relación entr dos personas del mismo sexo no es equivalente a una relación de pareja que se basa en la diferencia sexual. Estas dos situaciones dependen de estructuras que no son de la misma naturaleza. La relación homosexual no entra en este campo social. Es, por lo tanto, una cuestión privada", añadió el PCF.

Los parlamentarios que apoyan estas tesis viven en el "error antropológico" cuando quieren "organizar socialmente la homosexualidad": "La familia es un bien común de la humanidad que no se encuentra a la libre disposición del legislador para responder a las reivindicaciones subjetivas y problemáticas de la época actual", apuntaron.

No es cuestión de reinventar la sociedad sino de abrirla, ampliarla, abarcar e incluir a todos en ella, sin excluir como suele hacer esa jerarquía católica a los diferentes, a los que piensan o sienten distinto, a los que no ven el ser padres como un fin en sí mismo, a los que quieren ser parte de una comunidad, de la sociedad, sin ser marginados por ella.

Eché de menos eso, sobre todo, amén de más coordinación y cercanía de los cardenales presentes a la prensa, a quienes tratábamos de ir más allá del credo bien conocido. Predominaron los medios católicos pero faltó la voluntad de diálogo por repensar y reconocer que la familia tradicional no es la única que existe.

1 comentario:

kamachote dijo...

En su tierra plana de sexualidad procreativa se dibuja un fanatismo sin bombas, excluyente, piramidal. No conviene esperar demasiado de los que creen conocer la verdada (esa petulancia es suficiente para alejarse un tanto)