Hace años, cuando vivía en Japón, me topé con una muy particular manera de relacionarse con el idioma de aquellos que lo hablaban. Era una lengua difícil por lo mal enseñada que está. Eran tiempos en que se estudiaban en clases, sin apenas apoyo de internet y con pocos recursos didácticos avanzados. Lo más importante era conseguir un buen profesor o un tutor de estudios, en mi caso, implicado.
La lengua no es tan difícil pero la pedagogía en torno a ella sí lo es. Tokio, la gran urbe frenética e interconectaba, tampoco ayudaba demasiado a interactuar. Con todo, aquellos años (1996-2002) me dejaron un nivel aceptable de japonés oral y algunas herramientas para entender el escrito. Pero descubrí algo: el japonés tenía un enorme complejo de inferioridad con su lengua.
Que no fuera un idioma internacional, que no se conociese lo suficiente en el extranjero, les decepcionaba. Invertían en ello pero no habían dado con el modo de convertirlo en una gran lengua, capaz de saltar fronteras y seducir.
Todo lo contrario parece suceder con el español, el idioma de 550 millones de personas que superó sus orígenes. España es referencia en muchos aspectos de la lengua, pero secundaria en cuanto a número de hablantes. México tiene casi 112 millones, y Estados Unidos, cincuenta.
La lengua peninsular es una variante fuerte, sin duda, pero minoritaria en algunas cosas. Para hablar del vigor del español hay que fijarse en México y en su Proyecto Nacional Cultural, que no se olvida de EEUU. Lo ha dicho la presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Consuelo Sáizar.
No son proyectos excluyentes pero habría que trabajar con más determinación en establecer lazos y forjar alianzas para convertir al español en Estados Unidos en una gran lengua de cultura.
domingo, 19 de junio de 2011
Una novela colombiana de generación
Colombia tuvo una reacción moral tardía al fenómeno del narcotráfico, explica Juan Gabriel Vásquez, quien acaba de pasar por México para presentar su novela "El ruido de las cosas al caer" (Alfaguara, 2011). Un escritor joven y que abandonó su país hace doce años ha marcado distancias con muchas situaciones de las que allí vivió, por eso quizás la necesidad de reconectar con los de su generación, y explicar cómo vivieron con una violencia que heredaron.
No estaban al tanto de lo que ocurría, convivían con todo aquello entre silencios y misterios, desnudando poco a poco secretos sobre la vida de sus seres queridos, sus fortunas, sus miedos... Es sin duda una novela más de emociones que de historia, pero hunde sus raíces en el desgobierno del momento, en el azar, en la falta de explicaciones de muchas cosas que nos rodean y el desengaño de que los adultos podrían tener más control de sus vidas entonces, en esa etapa de sus vidas.
Anoche, horas antes de terminar la novela, encontré en televisión la película "Rosario Tijeras", basada en la novela de José Franco, la historia de una caída en desgracia, de una mujer mítica destrozada por la violencia. Ella misma respondió con una violencia exponencial a las agresiones, violaciones, desprecios, que había recibido durante su vida. Y pagó con la vida, a mano de un examigo, sus crímenes.
Vásquez está un poco decepcionado de que la prensa le pregunte por el hoy de Colombia, que por los artilugios del libro. Pero la narración está aún caliente, la sangre sigue fluyendo, su país vive en el azar de la violencia y el drama que comporta. Serán varias generaciones las que deban pasar hasta sanar una herida abierta que sigue fluyendo, que muchos colombianos no se pueden permitir el lujo de observar como algo que no les afecta, que es ajeno a ellos, o que pasó. Son violencias que marcan para siempre, heridas que duran muchos, muchos años en cicatrizar.
No estaban al tanto de lo que ocurría, convivían con todo aquello entre silencios y misterios, desnudando poco a poco secretos sobre la vida de sus seres queridos, sus fortunas, sus miedos... Es sin duda una novela más de emociones que de historia, pero hunde sus raíces en el desgobierno del momento, en el azar, en la falta de explicaciones de muchas cosas que nos rodean y el desengaño de que los adultos podrían tener más control de sus vidas entonces, en esa etapa de sus vidas.
Anoche, horas antes de terminar la novela, encontré en televisión la película "Rosario Tijeras", basada en la novela de José Franco, la historia de una caída en desgracia, de una mujer mítica destrozada por la violencia. Ella misma respondió con una violencia exponencial a las agresiones, violaciones, desprecios, que había recibido durante su vida. Y pagó con la vida, a mano de un examigo, sus crímenes.
Vásquez está un poco decepcionado de que la prensa le pregunte por el hoy de Colombia, que por los artilugios del libro. Pero la narración está aún caliente, la sangre sigue fluyendo, su país vive en el azar de la violencia y el drama que comporta. Serán varias generaciones las que deban pasar hasta sanar una herida abierta que sigue fluyendo, que muchos colombianos no se pueden permitir el lujo de observar como algo que no les afecta, que es ajeno a ellos, o que pasó. Son violencias que marcan para siempre, heridas que duran muchos, muchos años en cicatrizar.
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Luis Cernuda, el desacomodado
El poeta sevillano Luis Cernuda murió en México después de vivir casi diez años en este país. Fue un exiliado tardío, llegado a mediados de los cincuenta después de abandonar España y vivir en Gran Bretaña y en Estados Unidos.
Era un hombre especial, capaz de herir a sus seres más queridos, los que le protegían y le acogieron, los que fueron la familia de este escritor desacomodado, vencido a la poesía y entregado a ella. No fue un escritor prolífico ni con una obra homogénea. Sufrió lo indecible, ausente, introvertido, errante, y al final acomodado en un barrio de Coyacán que es el más andaluz probablemente de los que existen en la capital mexicana.
Antonio Rivero Taravillo buceó en esa vida enigmática y cree que entendió mejor a la persona, al que dice que fue el poeta más admirado por otros durante los últimos cincuenta años.
Era un hombre especial, capaz de herir a sus seres más queridos, los que le protegían y le acogieron, los que fueron la familia de este escritor desacomodado, vencido a la poesía y entregado a ella. No fue un escritor prolífico ni con una obra homogénea. Sufrió lo indecible, ausente, introvertido, errante, y al final acomodado en un barrio de Coyacán que es el más andaluz probablemente de los que existen en la capital mexicana.
Antonio Rivero Taravillo buceó en esa vida enigmática y cree que entendió mejor a la persona, al que dice que fue el poeta más admirado por otros durante los últimos cincuenta años.
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martes, 31 de mayo de 2011
Leonora
El pasado 26 de mayo murió en Ciudad de México la pintora, escritora y escultora Leonora Carrington. La noticia no nos pilló de sorpresa, tenía 94 años y vivía apartada de los reflectores y mentideros habituales. La artista no se escondía pero prefería pasar inadvertida. Vivía en la calle Chihuahua de la colonia Roma de la ciudad.
En los últimos años de vida suya en la capital mexicana Carrington no se hacía notar pero sus estatuas fueron llenando silenciosamente algunos lugares. El Paseo de la Reforma, en su tramo dedicado a los museos o en el que está más cerca del centro, muestra a lo seres imaginarios que creó la artista. Era, decían, la última surrealista, una leyenda de ese movimiento artístico, alguien con una capacidad extraordinaria, la de ver más allá de lo que se mira a simple vista.
No la llegué a conocer ni a cruzarme con ella, pero presentí en cierto modo su pérdida. Recuerdo muy bien la primera vez que la vi, en 1997 o 1998, en la estación de ferrocarriles del Tokio donde exponían su obra. Cuando veía aquellos cuadros en un México recién descubierto sentí la fuerza de una imaginación que no paró de crear ni de inspirarse en los mitos y misterios de este país. Simpaticé con ella desde entonces, también con su inseparable Remedios Varo, otra artista singular, su cómplice, ambas apartadas de los focos de la fama, creativas, intensas, ambas semiolvidadas por aquellos países que las vieron nacer, auténticas, únicas.
Quizás el último momento de comunión con la artista fue la rueda de prensa que ofreció Elena Poniatowska a propósito de la presentación de su novela "Leonora", inspirada en la artista, el 28 de febrero pasado. Luego nos recibiría en su casa, amable pero perdida un tanto en su mundo. No creo que fuera un adiós sino más bien un "hasta pronto" el modo en que despidió Poniatowska a su amiga, almas gemelas y cercanas, amigas siempre, rebeldes.
En los últimos años de vida suya en la capital mexicana Carrington no se hacía notar pero sus estatuas fueron llenando silenciosamente algunos lugares. El Paseo de la Reforma, en su tramo dedicado a los museos o en el que está más cerca del centro, muestra a lo seres imaginarios que creó la artista. Era, decían, la última surrealista, una leyenda de ese movimiento artístico, alguien con una capacidad extraordinaria, la de ver más allá de lo que se mira a simple vista.
No la llegué a conocer ni a cruzarme con ella, pero presentí en cierto modo su pérdida. Recuerdo muy bien la primera vez que la vi, en 1997 o 1998, en la estación de ferrocarriles del Tokio donde exponían su obra. Cuando veía aquellos cuadros en un México recién descubierto sentí la fuerza de una imaginación que no paró de crear ni de inspirarse en los mitos y misterios de este país. Simpaticé con ella desde entonces, también con su inseparable Remedios Varo, otra artista singular, su cómplice, ambas apartadas de los focos de la fama, creativas, intensas, ambas semiolvidadas por aquellos países que las vieron nacer, auténticas, únicas.
Quizás el último momento de comunión con la artista fue la rueda de prensa que ofreció Elena Poniatowska a propósito de la presentación de su novela "Leonora", inspirada en la artista, el 28 de febrero pasado. Luego nos recibiría en su casa, amable pero perdida un tanto en su mundo. No creo que fuera un adiós sino más bien un "hasta pronto" el modo en que despidió Poniatowska a su amiga, almas gemelas y cercanas, amigas siempre, rebeldes.
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lunes, 30 de mayo de 2011
Jorge Volpi, puente entre literatura y ciencia
Entrevistar a Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968) siempre es un reto. No solo es importante haber leído su obra sino también acercarse a él cargado de paciencia, medirle, tirarle de la lengua. No responde sin pensar a nada, es uno de los autores más reflexivos del panorama actual de las letras mexicanas...
Pero Jorge no es frío ni particularmente esquivo solo con la prensa. Creo que genuinamente es así, de los que prefieren estar en silencio envueltos en su mundo a ser protagonista de algo, de cualquier cosa que le saque de las letras, las ficciones y las ideas. En "El cerebro y el arte de la ficción" (Alfaguara, 2011) comparte la esencia de lo que para él es la literatura y las otras ficciones que nos avasallan, algo más que una propuesta simple de entretenimiento. Lectura para lectores, sin duda.
Pero Jorge no es frío ni particularmente esquivo solo con la prensa. Creo que genuinamente es así, de los que prefieren estar en silencio envueltos en su mundo a ser protagonista de algo, de cualquier cosa que le saque de las letras, las ficciones y las ideas. En "El cerebro y el arte de la ficción" (Alfaguara, 2011) comparte la esencia de lo que para él es la literatura y las otras ficciones que nos avasallan, algo más que una propuesta simple de entretenimiento. Lectura para lectores, sin duda.
Alma periodística
Alma Guillermoprieto es mexicana pero escribe en inglés. Hace tres años protagonizó la presentación de la cátedra Julio Cortázar en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), el alma de la cultura iberoamericana durante diez días cada noviembre-diciembre. Quise conocerla en persona pero no se dio hasta que el grupo Random-House Mondadori editó "Desde el país de nunca jamás" este mismo año. Excelente conversadora, excepcional memoria. Mirada profunda al mundo de la droga.
miércoles, 6 de abril de 2011
Silencio poético
Juan Francisco Sicilia era un joven de 24 años que fue asesinado junto con seis más el pasado 28 de marzo en Temixco, estado de Morelos. Era el hijo de Javier Sicilia, un poeta que ha decidido callar y no volver a escribir poemas hasta que México no recupere la dignidad. Hoy miles de personas se han concentrado en Cuernavaca y otras ciudades del mundo para repudiar la violencia criminal que hay en el país y exigir su fin (@mxhastalamadre).
El presidente Felipe Calderón mantiene su discurso: estoy dispuesto a variar de estrategia contra los cárteles. Sin embargo no la ha movido ni un ápice, no reacciona. La mantiene con el mismo discurso, el de la inevitabilidad; con el mismo método, las armas del Ejército; y con el mismo propósito, aniquilar a las organizaciones criminales.
México está cansado, Javier Sicilia también. Su voz articula un grito desesperado que se va a oír más fuerte estos días. No se ve el fin, parece que estamos ante el comienzo de una "revolución de los jazmines" a la mexicana, o una "revolución de los tamales", o un grito desesperado que sale desde el corazón pero que debemos esforzarnos por hacerlo racional, limpio y respetuoso con los derechos humanos de todos, incluyendo si cabe los de los asesinos. No hay reto mayor en el México de hoy, un país que llora, un pueblo herido.
El presidente Felipe Calderón mantiene su discurso: estoy dispuesto a variar de estrategia contra los cárteles. Sin embargo no la ha movido ni un ápice, no reacciona. La mantiene con el mismo discurso, el de la inevitabilidad; con el mismo método, las armas del Ejército; y con el mismo propósito, aniquilar a las organizaciones criminales.
México está cansado, Javier Sicilia también. Su voz articula un grito desesperado que se va a oír más fuerte estos días. No se ve el fin, parece que estamos ante el comienzo de una "revolución de los jazmines" a la mexicana, o una "revolución de los tamales", o un grito desesperado que sale desde el corazón pero que debemos esforzarnos por hacerlo racional, limpio y respetuoso con los derechos humanos de todos, incluyendo si cabe los de los asesinos. No hay reto mayor en el México de hoy, un país que llora, un pueblo herido.
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